Las ventas de productos madrileños crecieron un 4,5 por ciento el pasado ejercicio mientras que el empleo en el campo aumentó un 150 por ciento, como ha destacado este viernes el consejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, Borja Sarasola, en la presentación de ‘Madrid comestible’, una nueva revista especializada.
La Comunidad de Madrid, como ha apostillado el consejero, ha apostado por el producto local como herramienta para impulsar el sector primario y profundizar en la dinamización socioeconómica del entorno rural.
La región cuenta con recursos «para producir alimentos de calidad con el valor añadido de las pequeñas producciones, algo que encaja a la perfección con la evolución actual del mercado: de una economía de volumen a una economía de valor», ha manifestado Sarasola.
El consejero ha destacado el papel fundamental que tienen gastronomía, turismo y alimentación para la recuperación económica a partir del producto local como materia prima y las figuras de calidad diferenciada, que permiten a los productores aprovechar la asociación existente entre los consumidores y una región y ofrecer un producto ligado a ella.
Vincular los productos al territorio les confiere un valor real, que se traduce en todas las ventajas de los alimentos de proximidad y les proporciona un valor añadido intangible, que se materializa en un mayor aprecio por los consumidores.
Actualmente, Madrid mantiene cinco figuras de calidad diferenciada: Denominación de Origen Vinos de Madrid, Indicación Geográfica Protegida Carne de la Sierra de Guadarrama, Denominación de Calidad Aceitunas de Campo Real, marca de garantía Aceite de Madrid y denominación geográfica Anís de Chinchón, a la que se suma la etiqueta de agricultura ecológica.
En esta línea de actuación, la Comunidad de Madrid trabaja ya en el desarrollo de nuevas marcas asociadas a productos regionales. En 2013, las ventas de productos comprendidos en las figuras de calidad diferenciada o con etiqueta ecológica de la Comunidad de Madrid alcanzaron los 57,5 millones de euros, lo que supuso un incremento interanual del 4,5 por ciento.
«Los consumidores del siglo XXI son consumidores formados y preocupados por saber de dónde proceden los alimentos que consumen y cómo se procesan. El resultado es que, cada día más, se decantan por los productos de proximidad», ha señalado el consejero.
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