Para hacernos una idea de la forma en la que se ha movido el mercado, nada mejor que un gráfico del Ibex en velas de cinco minutos:
Ahí lo tienen. Tras la apertura, todo parecía indicar que las puertas del infierno se habían abierto de par en par, pero a los que mandan en el cotarro les gusta cambiar de criterio cada poco tiempo y dejar pillados a cuánta más gente mejor y desde las once y media de la mañana dedicaron el tiempo a recuperar el tiempo perdido.
¿Una razón concreta? Me apunto a dos en particular. La primera, unas declaraciones de Mario Draghi en las que permite traslucir que sigue dando vueltas a la cabeza para poner en marcha algún tipo de QE en la Eurozona. Es curioso, porque esta misma mañana volvieron los alemanes de subrayar que nada de lo que pasa asemeja a una deflación, pero como Schauble reconoció andar preocupado por la fortaleza del euro, parece que el mercado dio importancia a las palabras del jefe del BCE.
Y en segundo lugar, un factor puramente de mercado. Si los operadores más agresivos, los que son capaces de abrir cortos rápidamente, se van a ir de vacaciones y comienzan a cerrar sus cortos en realidad llegan al mercado órdenes de compra que animan el cotarro.
El caso es que entre ambos factores lograron que los índices reaccionaran y pasaran del rojo intenso al rojo más pálido o incluso al verde claro en algunos mercados.
Al cierre, el Dax avanzó un 0,26%, el FTSE un 0,34%, el CAC un 0,43% y el Ibex perdió un 0,17%. El selectivo español llegó tarde al festín…
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