Crispación virtual

05/05/2014

Josep M. Orta.

Uno, oyendo políticos y tertulianos, tiene la sensación de no vivir en Catalunya. La polémica sobre la crispación social no se nota en otro sitio que no sea en este mundo virtual que es la opinión publicada, radiada o televisada.

Los casos de crispación se limitan a las declaraciones de los políticos y a los comentaristas profesionales que magnifican cualquier pequeño incidente que se pueda producir. Incluso el tema ha dejado de protagonizar los comentarios de la sociedad catalana, cada uno tiene su opinión y aquí paz y después gloria. Es evidente hoy que la vida social de la comunidad no está protagonizada por esta polémica, sin que ello implique que el derecho a decidir haya dejado de interesar, pero cada uno tiene su posición fijada.

Por ello uno no puede sino escandalizarse ante las afirmaciones de algunos. Comparar la situación en Catalunya con la tragedia que hasta hace poco vivió el País Vasco no deja de ser un gran despropósito para cualquier mente sensata. Esto no se atreven a decirlo ni los populares catalanes.

Basta darse una vuelta por cualquier ciudad para comprobar que el uso del catalán no genera ningún conflicto. Ni siquiera en las escuelas. La inmersión lingüística se aplicó durante años con normalidad y satisfacción de todos (incluso el PP catalán). Durante mucho tiempo sólo cuatro familias reclamaron que la lengua vehicular de sus hijos fuera el castellano, pero fueron algunos políticos los que incitaron en crear un problema donde no lo había. Es más, en muchas escuelas de las zonas que predomina el castellano, a la hora de impartir las clases, se impone el sentido común y la presencia del catalán es casi testimonial.

Ahora se habla de violencia. Es verdad que ha habido pintadas en las sedes de algunos partidos como también es cierto que se han quemado banderas con la estrella, pero han sido actuaciones puntuales. Más lamentable ha sido la agresión al primer secretario socialista Pere Navarro, pero todos los indicios apuntan que el puñetazo lo ocasionó un conflicto que una ciudadana había tenido con el político cuando era alcalde de Terrassa, pero en cualquier caso es temerario relacionarlo con la supuesta crispación provocada por el referéndum. Y en el peor de los casos fue un condenable episodio aislado. En sentido contrario cabe recordar –y este sí que estaba relacionado- el ataque que el pasado 11 de setiembre sufrieron un grupo de diputados que celebraban la Diada en la sede de la Generalitat y recibieron la visita de un grupo de ultras (que por cierto el juicio se celebra estos días).

También se acusa a TV3 de promocionar el independentismo. Es cierto que las informaciones sobre este proceso ocupan un lugar preferente pero también es cierto que cada vez que habla un político, sea del signo que sea, le dan voz a todas las fuerzas del arco parlamentario. Estas informaciones no tienen punto de comparación con las sesgadas que ofrece tanto Telemadrid como las que daba el asesinado Canal Nou valenciano (por hablar sólo de televisiones públicas.

Oyendo las versiones que algunos dan de la situación de Catalunya uno no pueda más que recordar aquella máxima periodística “que la verdad no te estropee un buen reportaje”.

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