Tal vez se acuerden de una novela a la que dediqué unas líneas desde este confortable atolón de los Mares del Sur Ciberespaciales. Me refiero a 1974. Autor: David Peace. Aquel libro era el inicio de una tetralogía oscura sobre el Horror en un rincón de una Gran Bretaña adecuadamente lluviosa. 1974 me dejó dubitativo. ¿Obra valiosa o pura filfa? Confieso que Peace activó ciertos resortes tenebrosos en mi alma de lector disperso pero, a la vez, me indujo a una grave desconfianza. Demasiado sadismo gratuito sin una dirección exacta. Pero. No hay peros que valgan. He abordado la segunda parte de la serie, 1977, y ya tengo un dictamen claro.
Lo siento por Granta, por Ian Rankin, por el Daily Mail y el Yorkshire Post y por un tal George P. Pelecanos, todos ellos convencidos del virtuosismo de David Peace y de su carácter de reencarnación de Chandler, Ellroy o algún otro grande del policíaco. No. 1977 es un vacío ejercicio de crueldad sin sentido alguno. El destripador de Yorkshire se hubiera merecido un cuento gótico de mayor calado. Y esto es, simplemente, un mejunje de sangre y brutalidades protagonizado por malvados y borrachos y prostitutas y violadores, una coral representación de los lugares comunes con los que todo provocador de pacotila intenta epatar corazones sensibles.
Mi corazón, créanlo, es poco sensible, pero ante esta colección de diálogos confusos y exabruptos en forma de mantras presuntamente inquietantes, no queda otra opción que irritarse. Porque 1977 desaprovecha las oportunidades de un material que, en otras manos, pudiera haber dado forma a un relato emocionante. Porque la trama llega a ser tan ininteligible que roza la tomadura de pelo. Porque Peace se regodea en la violencia hasta el punto de provocarnos el irreprimible deseo de tenerlo ante nosotros y abrirle la cabeza con un martillo, para que aprenda. Porque el poli corrupto y el periodista alcohólico son personajes entrañables de la vieja novela policíaca a los que hay que rendir el respeto que se merecen, pedazo de imbécil.
No sé si se han dado cuenta de que 1977 no me ha gustado nada de nada. Si yo fuera el admirado Juan Mal-Herido (cuyo blog Lector Mal-Herido recomiendo vivamente) sentenciaría que 1977 es, simple y llanamente, una PUTA MIERDA. Pero estaría feo copiar a tan iconoclasta camarada su estilo a un tiempo llano y certero. Así que me limitaré a desaconsejar la lectura de una novela que, junto a las otras del ciclo, ha inspirado una serie de la BBC que, dicen, no está mal. Podría ser. De hecho, no sería la primera mala novela que ha inspirado una excelente película. De hecho, tengo el convencimiento de que las malas novelas son las que inspiran las mejores películas. .
Sea como sea, como marca la corrección política, acato y respeto a aquellos críticos que consideren a David Peace un titán de las letras. Con su pan se lo coman. Y, eso sí, la portada del libro es muy bonita.
1977. DAVID PEACE. Editorial ALBA. 477 páginas.
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