El clavo ardiendo

08/05/2014

diarioabierto.es.

Nuestro presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, pecó esta semana de ingenuo. Tantas alabanzas desde Bruselas no podías ser buenas. Pero el ilustre gallego perdió su habitual cautela y prudencia apabullado con tantas buenas cifras. Algo a lo que, por cierto, ni él ni nadie estábamos acostumbrados con esta larga crisis de más de seis años.

Pero, claro, cómo resistirse tras la mejora del cuadro macroeconómico diseñada por el equipo alalimón de De Guindos y Montoro. Una mejoría de crecimiento del PIB ratificada, poco después, por las nuevas previsiones de Bruselas.

Y por si fuera poco, Rajoy se embelesó con la reducción del paro en abril en un sorprendente dígito (más de 111.000 personas), gracias al turismo, eso sí.

Con todos estos datos, ¿cómo no iba a bajar la guardia? Imposible.

Pero Bruselas había sacado la zanahoria, para después dar el ‘palo’ y devolvernos a todos a nuestra cruda realidad. Una realidad que pasa por ese espejismo de una creación de empleo precario, barato y sin condiciones… y hasta con fecha de caducidad.

Y unas esperanzadoras previsiones que, por el momento, solo son eso, previsiones. No hace falta irse muy lejos en las hemerotecas para ver que ya en 2012 nos prometían el oro y el moro, para volver a la recesión más absoluta. Ahora todo parece bullir con otro talante, pero hay que esperar a ver qué pasa antes de lanzar cohetes y campanas al vuelo.

A Rajoy le perdieron las prisas, en esta ocasión, tal vez acuciado por unas inminentes elecciones europeos. Siempre en las proximidades de cualquier comicio electoral los políticos se ponen traje nuevo y ponen cara de que aquí, en España, no pasa nada… pero pasa…

Y pasa que Bruselas tras la canal no dio arena. Y volvió a su retahíla de exigencias, de recordarnos que las previsiones son buenas, pero que debemos seguir con más recortes y reformas. Pese a la cercanía de las elecciones, a las autoridades europeas les preocupa otra cosa mucho más grave. España, la cuarta potencia económica de la eurozona, sigue siendo el problema. Mientras sigamos con una tasa de paro superior al 25% y con décadas por delante para reducirlo, dificilmente la recuperación de nuestra economía será totalmente real. Y si España no sale de la crisis, Europa, tampoco.

Pero Rajoy prefiere aparcar esta realidad durante las semanas de campaña, y agarrarse al clavo ardiendo de las previsiones y décimas de mejoría. ¿A ver quién se quema? De momento, los ciudadanos españoles estamos llenos de ampollas.

 

 

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