Casi todos los días en los medios financieros y bursátiles surgen movimientos o noticias que más o menos se relacionan con la posible venta total o parcial de las participaciones de los principales accionistas de Gas Natural, La Caixa y Repsol, que controlan el 34,6% y 30%, respectivamente. Los rumores apuntan más a la petrolera, si bien no se descarta que la entidad financiera reduzca su participación.
Además de causas intrínsecas de cada una de estas sociedades -como los requisitos europeos para las entidades financieras-, la cotización de la empresa que dirige Rafael Villaseca hace que la operación tenga un atractivo en sí misma. La compañía vale cerca de los 10,8 euros por acción en Bolsa, con una revalorización superior al 10,6% en el año.
En el caso de Repsol, la posible desinversión surgió en medios del mercado desde hace años, en parte relacionada con declaraciones realizadas por los propios directivos de la petrolera en las periódicas reuniones que mantienen con gestores de fondos, de otras entidades de inversión colectiva y con analistas. Ha sido incluso una ‘recomendación’ que algunos de estos expertos daba al grupo que preside Antonio Brufau, al opinar que el dinero que tiene invertido en acciones de la gasista podría ser más rentable en otro destino.
Pero la posibilidad de la salida de la empresa eléctrica y gasista fue más elevada a finales del pasado año, cuando en medios del mercado llegó a circular los posibles compradores -empresas energéticas de diversas nacionalidades y fondos- y cómo se iba a articular la operación, en teoría de forma de que el poder que da un paquete del 30% o del 25% quedase bien distribuido para evitar que otra compañía, que además iba ser extranjera, se acercase a tomar el control de Gas Natural. Pero, como suele ocurrir, el papel lo resiste casi todo, para después ser más difícil encontrar inversores, especialmente en el caso de las empresas de la misma área, para que el mando no cambiese de manos.
Otro acontecimiento que se ha interpretado como un argumento más para que Repsol vendiese ha sido el acuerdo alcanzado con Shell por el que la multinacional angloholandesa ha adquirido sus activos de gas natural licuado (GNL). Y es que sin ellos, el interés estratégico de la presencia en Gas Natural perdía relevancia. Mientras, aunque se debe a la adaptación de su balance al sistema vigente en la actualidad, la petrolera ha dejado de contabilizar 3.380 millones de euros por su participación en Gas Natural Fenosa.
Si bien casi todos estos hechos son incuestionables, existe un aspecto estratégico que debe resolverse antes y contar además con el apoyo tácito del Gobierno, se trata del modelo por el que se va a optar en la desinversión: socios únicamente financieros o también empresariales. Es un aspecto que ya se analizó con anterioridad, para el que no se encontró un consenso. Una empresa interesada fue la argelina Sonatrach, que cuenta con el 4% de las acciones de Gas Natural, mas la operación despertó reticencias en el Gobierno. El peso de Argelia en el mapa energético español es ya elevado, al tiempo que otra empresa energética Cepsa está en manos de IPIC, de Abu Dhabi. Las reticencias también se amplían a rusa Gazprom y a las energéticas chinas.
En este contexto, en medios consultados se destaca que hay demanda de inversores institucionales, fondos privados o estatales, como el de Singapur, a los que colocar una participación significativa de Gas Natural, pese a las incertidumbres creadas por las normativas que afectan al mercado eléctrico español. El problema reside en qué medida estos inversores van a ser estables o van a traspasas más adelante las acciones a un grupo del sector.
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