Supongo que a nadie le cogerá por sorpresa el nuevo episodio del jueguecito al que ya nos tienen acostumbrados el BCE y el Bundesbank. Una vez al mes, tras el consejo de Gobierno, sale Draghi diciendo que sí, que ya es inminente que hagan algo. Y una vez a la semana sale el jefe de Draghi, Weidmann, diciendo que ‘nein‘.
Imagino que a estas alturas no hará frente presentar a ambos sujetos. Mario Draghi juega a ser el presidente del BCE y a desafiar de farol al mundo. Suelo llamarle ‘bocachancla‘ por la enorme capacidad que tiene de decir cosas que jamás cumple. Jens Weidmann es el jefe de Draghi. Es el presidente del Bundesbank y hasta ahora siempre ha cumplido lo que ha dicho y la prueba de ello es que el BCE no ha podido hacer absolutamente nada.
Pues hoy hemos asistido al enésimo episodio del despropósito, aunque ya empiezo a pensar que no es tal, sino algo plenamente pactado. Weidmann no solo no tiene claro que el BCE vaya a actuar en junio, sino que en cualquier caso adelanta que de comprar bonos, nein de nein. Que ni por casualidad, oiga.
En esta tesitura, le quedan al BCE los tipos de interés y los tipos de depósito para los bancos. La primera opción es consdierada el último cartucho y Weidmann anticipó veladamente que debe estudiarse con las previsiones de inflación futura y no hay evidencia alguna de que vayamos hacia la deflación en Europa.
Tampoco parece que los tipos vayan a ser tocados, así que solo queda que a los bancos les impongan tipos de interés negativos para que tengan que pagar por el dinero que depositan en el BCE. Suponen que así se lanzarán como locos a dar crédito, pero no las tengo yo tampoco todas conmigo ya que me temo que antes paralizarán por completo el interbancario y entonces sí que se puede volver a armar gorda.
A todo esto hemos jugado esta mañana cuando nos las prometíamos felices tras conseguir, por fin, un dato de PMI chino mejor de lo esperado (aunque tampoco para tirar cohetes, la verdad) y después de que Wall Street viviera en la víspera una buena sesión. Pero entre Weidmann y el mal PMI francés, que ya va siendo un clásico ante la pasividad de todo el mundo, se encargaron de hacer desaparecer de un plumazo cualquier atisbo de alegría.
Resultado: sesión plumbea y lateral eterno. Al cierre, el Dax avanzó un 0,24%, el FTSE perdió un 0,01%, el CAC ganó un 0,21% y el Ibex perdió un 0,10%.
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