La abdicación del Rey Juan Carlos es la última prueba, de momento, de la descomposición en la que se encuentra España, que da la sensación de que está peor de lo que parece.
Así, sumida en una profunda crisis económica con seis millones de parados, un Gobierno sin rumbo y con una política que favorece a los más poderosos; una oposición camino de la autodestrucción, trasnochada y sin ideas; la aparición de fenómenos políticos, como el llamado “podemos” de -cuanto menos- dudoso talante democrático y las presiones cada vez más fuertes de los nacionalistas, la situación de España es en estos momentos, de auténtico desconcierto y depresión.
A este barco a la deriva a la que nos han conducido los políticos de todos los signos y cuyo último suceso ha sido la abdicación de Don Juan Carlos, los únicos de momento lo mantienen a flote son los simples marineros, es decir los ciudadanos que con toda paciencia consiguen día a día que la nave no se hunda.
Hay quien confía en que el relevo del Rey Juan Carlos abra paso a una etapa de mayor ilusión colectiva y que la novedad de otro monarca sea la puerta que abra el rejuvenecimiento de las estructuras nacionales. Pero la operación parece difícil mientras sigan existiendo la política tal y como se practica actualmente en España.
Y es que no se va a arreglar la situación simplemente con un cambio en la jefatura del Estado, sino con un vuelco mayor de la política con mayúsculas, con ideas nuevas y transformadoras y la sustitución de la actual clase política, no por demagogos de barra de bar, sino por auténticos profesionales de la política que antepongan el bien de los ciudadanos antes que el de su partido, grupo o grupúsculo.
Pero hasta que eso llegue, habrá que aguantar al Gobierno que siga haciendo anuncios políticos y económicos vacíos de contenido y siguiendo sumisamente las órdenes que llegan de los países más poderosos del mundo; al PSOE que se mantengan en sus juegos de poder y sigan creyéndose la progresía de no se sabe qué; a los nacionalistas inventándose mapas donde poner barreras; a la extrema izquierda viviendo de una utopía pasada de siglo y a los poderosos seguir acumulando ganancias.
Si con fortuna se cansan pronto, España podrá salir adelante cuanto antes de este páramo intelectual y político en el que lleva unos años metida. Pero la tarea es ingente y para ello no hay más que ver los datos económicos –paro, déficit, desigualdad, derechos laborales, protección social, pobreza etc.- para darse cuenta del trabajo que hay que hacer.
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