La hiperinflación llevó a Hitler al poder

02/06/2014

Miguel Ángel Valero.

Creo que no es la primera vez (ni será la última) que cito esa frase del pensador Georges Santayana en “Life of Reason”: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. La cita viene muy a cuento por el debate que se está generando tras los resultados de las elecciones europeas y el auge de los euroescépticos y de la ultraderecha.

La Eurozona afronta, según el Banco Central Europeo, un período de moderación de la inflación, con caídas coyunturales de precios en algunas economías, que alimenta el fantasma de la deflación y pone en peligro la incipiente recuperación económica. Mientras, Alemania sigue alertando de las terribles consecuencias de una hipotética subida descontrolada de los precios.
Pedro Sastre, responsable de Estrategia de Banca March, hace un análisis muy pertinente del miedo alemán. “Quizás haya que echar una mirada al pasado no tan lejano para comprender tal obstinación”, argumenta.
El periodo de hiperinflación, en el que los precios se disparan y la moneda se devalúa, fue vivido por Alemania en el periodo de entreguerras, la República de Weimar. El fracasado imperio germano había financiado la Primera Guerra Mundial “con ingentes emisiones de papel moneda, o Papiermark, sin respaldo alguno en oro ni posibilidad de conversión en el metal precioso”. La consecuencia monetaria de la guerra fue el abandono de la moneda que hasta entonces regía en el imperio alemán, el Marco de oro o Goldmark.
El Tratado de Versalles estableció, al terminar la Gran Guerra, la imposición a Alemania del pago de reparaciones por los daños causados por la contienda. “Indemnizaciones muy cuantiosas aunque no asfixiantes y que establecían montos y plazos de pago”, precisa Sastre. El abandono del Goldmark trajo consigo el mantenimiento en el uso del Papiermark, con un tipo de cambio sorprendentemente estable frente al dólar hasta mediados de 1921.
Este escenario se torcía a mediados de 1921, con el ultimátum exigido por Londres en concepto de reparación de guerra: 2.000 millones de marcos de oro al año. La salida de marcos “buenos” o respaldados por oro se unió a la creciente emisión de papel “malo”, este último para financiar las necesidades diarias del país.
El proceso de hiperinflación comenzaba. El montante total de las reparaciones se disparó a 132.000 millones de marcos de oro, imposible de cubrir por las reservas de oro ya diezmadas. “En un intento desesperado, la República de Weimar se lanzó a la compra de divisa mediante el pago en bonos del tesoro público y papel comercial, lo que no hizo sino agudizar la pérdida de valor del Papiermark”, explica Sastre.
“El proceso se agravó aún más si cabe cuando las potencias vencedoras, conscientes de la pérdida acelerada de valor del marco, empezaron a exigir el pago de reparaciones en recursos naturales, sobre todo en hierro, carbón y madera”, insiste. La falta de acuerdo entre las potencias vencedoras acreedoras y Alemania por el importe de las reparaciones fue la traca final que impulsó el descontrol de aumento de precios y la fuerte devaluación del marco
El resultado, la ruina para la clase media ahorradora alemana, que vio como sus ahorros depositados en los bancos se evaporaban, sin posibilidad de acceso a las divisas extranjeras con las que poder protegerse de la inflación, sin acceso a los alimentos básicos tras multiplicarse el coste de la vida por más de 16 veces y con el afloramiento del trueque.
Una barra de pan que en 1922 costaba 163 marcos se disparaba a 1,5 millones en septiembre del año siguiente y costaba 200 millones en noviembre del mismo año. El precio de un huevo en 1923 equivalía a la compra de cinco millones de huevos diez años antes. Los funcionarios del Ministerio de Finanzas cobraban parte de su sueldo en patatas. Y los restaurantes dejaron de imprimir la carta de menús con precios porque desde el momento de la comanda hasta el pago los precios ya habían variado.
Este episodio histórico acaecido hace ya más de 90 años pervive en la memoria colectiva alemana, fundamentalmente porque fue el hecho que facilitó la llegada de Hitler al poder, en unas elecciones democráticas, no lo olvidemos.

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