De la política de alto nivel a compartir coche

11/06/2014

Maite Vázquez del Río.

Después de las elecciones europeas todo parece haberse precipitado. Los políticos tradicionales se han asustado de veras. Podemos ha irrumpido como la alternativa cuyos representantes -si es que no se desmadran por eso de buscar «cacho´´- han puesto en voz alta lo que los ciudadanos compartían en la calle, opiniones de certezas tan rotundas como la corrupción, el teje maneje de los políticos que gobiernan de espaldas a la población durante cuatro años, para acordarse tan solo de ellos los 15 días de campaña electoral.

Todo se ha precipitado sin, apenas, dar tiempo a pensar. Dimite Rubalcaba y la casa socialista se pone patas arriba. Las fuerzas se miden por delegados, primero, y luego por la consulta a las bases. Siguen las dimisiones, como la de Pere Navarro, porque Cataluña ahora mismo resulta ingobernable hasta para el propio Artur Mas, que también empieza a ver su formación política con divisiones.

Y llega lo inesperado. Dimite (abdica) el propio rey Juan Carlos Primero. Desde el Congreso y las tertulias se nos intenta dirigir el pensamiento hacia la sucesión, mientras los partidos con escasa participación se hacen oir más y mejor que nunca en favor de la república. ¿Por qué no se emplearán con el mismo ahínco contra los desmanes de los políticos con poder y sus prácticas corruptas?

Hablamos ya de política de altura y todos aquellos que por el actual orden democrático están donde están opinan y piden. Desde Artur Mas, que intentó hacer un nuevo feo a la democracia que le ha puesto donde está, a los de Bildu, que se olvidan del pasado sanguinario y ahora ocupan escaños en el Congreso por ese mismo sistema democrático que ellos critican.

En ese debate estamos, con el mundial de fútbol de fondo y las movilizaciones de los ciudadanos brasileños a las puertas de los estadios que serán sede del evento. Y aquí en España, los ciudadanos también seguimos con nuestros problemas. El paro sigue sin reducirse lo necesario, el empleo que se crea es tan temporal que, a veces, dura unas horas, aunque lo contabilicen como si fuera real; los desahucios continúan; cada vez hay más gente que se apunta a las listas del hambre; más familias sin recursos; más niños sin pan… y para algo que nos brindan para ahorrarnos unos eurillos en el transporte, también nos lo quieren recortar. No se les ha ocurrido a ellos y, entonces, está mal.

Los ciudadanos hemos aprendido que debemos buscarnos la vida a espaldas de nuestros políticos. Sus leyes nos asfixian y solo buscan la parte fiscal de nuestro esfuerzo. Con lo del coche compartido se ha puesto una vez más de manifiesto que no nos consultan. Escuchan al colectivo con más poder, en este caso, los taxistas, y legislan, amenazan con multar y casi con el infierno. ¡Cómo si pudiéramos todos los días desplazarnos en taxi!

Los taxistas nos amenazan con huelga indefinida como si los que utilizan el coche compartido fueran los que usan habitualmente taxis. Pero Fomento multa y no importa que Brsuelas le diga a Ana Pastor que se equivoca. Esta es la democracia que nos practican. Sin consultar ni analizar dónde está la raíz del problema. Como en la crisis, que solo se escuchó a los bancos, cajas, grandes empresas consolidadas y solo se les rescató a ellos.De los seis millones de parados ni se acuerdan.

A los ciudadanos, que nos da por pensar que con tanta corrupción casi que ahora tengamos que elegir un presidente de la Nación se nos hace cuesta arriba, por eso de que más vale lo malo conocido… nos siguen dando la espalda. Enfrascados como están en la sucesión de Juan Carlos I, solo nos dan la mano dura.

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