“La crisis había demostrado que, para evaluar los potenciales peligros para la estabilidad financiera, resultaba crucial tener una visión amplia del sistema financiero. No basta con tener un criterio sobre la solvencia de las instituciones financieras una a una, sino que resulta vital entender cómo inteactúan entre ellas y entre éstas y los mercados financieros y la economía real”, explica el presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), José María Roldán, en su intervención en el curso de la Apie en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander.
“Si queríamos salvar el euro y la política monetaria única, no quedaba más remedio que ir hacia una mayor integración: revolución, no evolución, es lo que se necesitaba. Esa mayor integración puesta ya en marcha no afecta sólo al sector bancario, sino que se extiende a ámbitos como la mayor coordinación de políticas económicas (en particular, las fiscales) y de reformas estructurales”, detalla Roldán, que antes de presidir la patronal bancaria fue director general de Regulación del Banco de España.
El resultado de todo este proceso es que “la Unión Bancaria comenzará a andar con unos bancos que son muchísimo más resistentes a posibles crisis”, enfatiza el presidente de la AEB. “Los bancos del futuro estarán mucho mejor capitalizados y podrán enfrentarse a futuras crisis con mejores garantías de éxito”, insiste Roldán.
Pero el presidente de la AEB advierte sobre que “también serán bancos con balances de menor tamaño y con rentabilidades por acción muy inferiores a las vistas antes de la crisis”. Los bancos tendrán que abandonar áreas de negocio o redimensionar las que ofrezcan “escasa rentabilidad y un elevado coste en términos de capital regulatorio o de requerimientos en materia de liquidez”.
Roldán subraya que la zona euro está “sobrebancarizada”, con 5.2750 instituciones de crédito, 236 en España. “Si a este hecho le añadimos que la industria financiera se caracteriza por mostrar rendimientos crecientes a escala (como en toda industria cuya materia prima es la información), parece que no es difícil pronosticar la posibilidad de fusiones en el nuevo mercado europeo”, razona el presidente de la AEB. ”Los bancos deben percibir que, independientemente de dónde se localiza una entidad, la supervisión es la misma. En ese momento, la dimensión relevante no será la nacional, sino el tamaño del banco, su cuota de mercado sobre la eurozona”, insiste Roldán, aunque precisa que “un elemento que podría frenar ese proceso paneuropeo es el de las diferentes prácticas bancarias nacionales”, .como la extensión de la financiación vía tipos variables o el número de bancos con los que suelen operar los distintos agentes económicos. “En la medida en que las mismas no converjan, supondrán un freno en los posibles procesos de integración”, avisa.
Los tipos bajos pueden alentar burbujas
Roldán considera que con los tipos de interés en mínimos históricos del 0,15% y la perspectiva de que se mantengan en estos niveles durante mucho tiempo, «hay que estar atentos» a la posibilidad de que se generen burbujas en economías con crecimiento más intenso y mayores niveles de inflación. «Los tipos de interés bajos son positivos porque apuntalan el proceso de reactivación económica, pero plantean potenciales consecuencias no deseadas en ciertos países y ciertos sectores, como el inmobiliario», argumenta.
El presidente de la AEB cree que en España «no existe ese riesgo, por motivos obvios», ya que el crecimiento económico aún debe ganar fortaleza y la inflación se mantiene en niveles bajos.
Lanza también una advertencia sobre la ‘banca en la sombra’. El sector financiero acumula seis años de regulación tras desatarse la crisis. «Tenemos que ir terminando, hay que dar certidumbre a la banca», argumenta. Roldán pide prestar «atención» a la banca en la sombra, ya aglutina una «actividad muy intensa». «La siguiente crisis no vendrá de la banca, sino de otras actividades. No son bancos, pero operan con riesgo de crédito», insiste.
También reconoce que los ejercicios de evaluación de activos y las pruebas de resistencia, aunque son “razonables”, pueden estar «distrayendo» a los gestores de los bancos. «Este complejo ejercicio puede estar detrayendo atención y recursos de las entidades de las áreas de negocio para dedicarlos a las de apoyo del mismo, distrayendo a los gestores respecto a su principal cometido: gestionar su negocio, la captación de depósitos y la concesión de créditos, de manera rentable”, señala.
Roldán cree que «seguro que el Banco de España tuvo luces y sombras» en el inicio de la crisis, pero precisa que «no fue la única institución que debería haber actuado mejor«, y apunta a los bajos tipos de interés desplegados esos años por el BCE. Las causas de la crisis han sido «complejas», por lo que responsabilizar de ella al Banco de España, como ha hecho el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, es una «simplificación». «Las simplificaciones no parece que den en el clavo de lo que fue una crisis no vista, no sólo en España, sino en el mundo occidental. La realidad es mucho más compleja», insiste.
Recuerda que la crisis se inició en Estados Unidos y no en España, y se pregunta «qué habría pasado si no se hubiera dejado caer a Lehman Brothers». Barroso debería hacer autocrítica y preguntarse «qué papel jugó en la crisis el tener tipos de interés en los primeros años de creación del euro, especialmente complejos y difíciles para una economía española que tenía un gran dinamismo», ya que estuvieron detrás de la creación de la burbuja inmobiliaria, sugiere el presidente de la AEB.
Sobre la morosidad, cree que está «muy estabilizada» y que no bajará hasta que la recuperación económica sea «sólida». «No hay que darle importancia a esas variaciones pequeñas. No es un problema que debería preocupar», zanja sobre el incremento registrado después de tres meses de descensos.
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