Nadie daba un duro cinco minutos antes del comienzo de la sesión en Wall Street a juzgar con lo que estaba sucediendo en el mercado de futuros desde que James Bullard abrió la boca y mostró un análisis que llevaría una decisión sobre subida de tipos de interés a comienzos del próximo año. Y treinta minutos después del comienzo de la sesión, si alguno tenía dudas se le habían disipado por la fuerza de los hechos:
Es el gráfico del Dow Jones en velas de cinco minutos y da una idea de la sensación de pánico que se apoderó del mercado por las palabras de Bullard. Si al miedo le logramos poner cifras, obtenemos que el Dow perdió 120 puntos en apenas media hora. Todo un síntoma de inestabilidad que habrá puesto muy contentos a quienes miran la baja volatilidad desde el prisma de la preocupación…
Pero las cosas no quedaron aquí. Está visto que este mercado no tiene ninguna gana de venirse abajo y cuanto más complicado se pone, más evidencia que no va a caer sin luchar hasta el último momento. Me dirán que es fácil, porque al fin y al cabo están tirando con pólvora del rey, pero para mí no deja de tener mérito que el mercado se ponga a remar de esta manera y consiga atajar la vía de agua con prontitud y dejar el barco a flote a pesar del obús que atravesó su línea de flotación apenas unos segundos antes de hacerse a la mar.
Pues eso, se pusieron a remar y a remar y dejaron las pérdidas al final en un lugar tan inverosímil que cualquiera que no haya visto lo ocurrido pensará que ha sido una sesión sosa de esas que vienen sucediéndose en los últimos tiempos. Toda una muestra de fortaleza para quien quiera verlo así, por mucho que la liquidez sea irracional, que se juegue con dinero ajeno y que no haya otro sitio donde meter el dinero dado como están los tipos de interés.
Total, que Wall Street parece haber hecho de nuevo una de sus jugadas favoritas: mandar a Europa al infierno y después arreglar ellos la situación. Al cierre, el Dow Jones perdió un 0,12%, el S&P 500 un 0,13% y el Nasdaq Composite un 0,02%.
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