One, two, three, Viva l’Algérie!

01/07/2014

Joaquín Pérez Azaústre.

En Argelia hay dos religiones, y una de ellas es el fútbol. Se ha visto con su selección nacional, que ha estado a punto de imponerse a Alemania en el Mundial con patrones muy nítidos, honestos y sencillos: una portería portentosa, una línea defensiva agotadora, una media creciente y el corazón marcado en cada escombro del juego. Vi el encuentro en una pastelería de Argel, con dos grandes televisores de plasma, uno a cada lado de las mesas, y una emoción latente sobre el té, en las exaltaciones y también las banderas, como si en cada lance del partido estuviera en juego la respiración de un país.

Quiero escribir sobre la experiencia emocionante de vivir aquí un partido de su selección nacional, y además en un Mundial, y contra Alemania, que en 1982, en nuestro Mundial de Naranjito, amañó su partido con Austria con aquel vergonzoso 1-0 que los clasificaba a los dos y condenaba a la mejor generación de futbolistas argelinos a la melancolía. Argelia volvió a perder ayer, pero de qué manera: si alguna vez ha sido recurrente la famosa frase de Hemingway en El viejo y el mar –yo la uso mucho: “Un hombre puede ser vencido, pero no derrotado”- ha sido al terminar este partido, con un equipo que ha sido capaz de subirse a los hombros un país, perder y conseguir el aplauso inmediato de los suyos: una pastelería de pie, y nosotros con ellos. Pero no un aplauso fatuo, ni bobalicón, ni siquiera resignado: sino orgulloso, tanto que si uno salía a darse una vuelta por las calles de Argel, ayer noche, debía tener cuidado de no ser atropellado por la multitud de cláxones y brío –aquí, siguiendo con Hemingway, el tráfico es una fiesta-, alzado bajo el manto de los petardos y los fuegos artificiales, porque la gente estaba celebrando el mejor regalo de unos jugadores: algo que vale más que una victoria, que es la entrega total de quien se ha dado hasta el límite de su propia caída, sin reservas, con sus capacidades apuradas, bajo un ideal de elaboración y fuerza.

Además del poderío físico, dos son los conceptos morales de esta selección: dignidad y construcción. Dignidad en el empeño para cada lance, con una intensidad extremada y honesta. Construcción en la voluntad, firme hasta el final, de jugar cada balón, de no lanzarlo lejos, de huir del pelotazo que en nada justifica al fútbol, sino que lo vulgariza, en pos de un sentimiento de edificación y toque en el sentido colectivo; y también valeroso, al no eludir la pelota, al jugarla y mimarla hacia delante, en su acecho felino, como si sus espaldas sostuvieran un peso inmemorial de sueños heredados.

Sin espíritu, la narración se mueve entre frases hechas. Pero ciertos logros deportivos, desde Grecia hasta hoy, pueden convertirse en símbolos de un pueblo. Argelia, con esta derrota poética de su selección, ha salido al encuentro de su propio futuro emocional, dándole un latido cívico y moral a una generación

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