“Faltan vocaciones de Ingeniería”

05/07/2014

Milagros Asenjo. La Universidad Politécnica de Madrid (UPM), la primera entre las de su naturaleza, con 41.000 alumnos y 4.000 egresados cada año, busca fórmulas para afrontar los desafíos del siglo XXI.

Su rector, Carlos Conde, Doctor Ingeniero de Minas y catedrático de Matemática Aplicada en la ETSI de Minas y Energía  de la UPM, considera especialmente preocupante el bajísimo índice de mujeres que cursan algunos estudios tecnológicos. y anuncia programas específicos para promover una mayor presencia femenina en los estudios de Ingeniería y Arquitectura. En relación con el futuro de los estudios politécnicos, el profesor Conde advierte que “todavía nos falta la agilidad necesaria para captar alumnos”.

  -¿Están en crisis los estudios de Ingeniería?

-Depende. Lo cierto es que el número de estudiantes de nuevo acceso a los estudios de Ingeniería y Arquitectura en España ha decrecido en los últimos años en proporciones que no son de recibo, en torno al 21-22%, que es mucho. Pero eso es en su conjunto porque cuando uno analiza Ingeniería Aeroespacial o Ingeniería Industrial, hay un número mayor al del curso pasado. Sin embargo, ha bajado el número de alumnos en Edificación o en Ingeniería Civil, debido, entre otras causas, al pinchazo de la burbuja inmobiliaria y a la a crisis de las infraestructuras. No obstante, el alumnado en los estudios tecnológicos viene bajando desde hace diez años. La razón no está solo la burbuja y en la crisis sino  en que faltan vocaciones de Ingeniería.

-¿Por qué?

-Afectan muchas cosas. Por señalar las dos que creo más importantes, por un lado que en Bachillerato  las materias que conducen a estudios universitarios de Ciencia e Ingeniería y Arquitectura se perciben por parte de los alumnos como más duras y eso les  hace que opten mayoritariamente  por las ramas de Bachillerato que no incluyen estas disciplinas, duras y bastante exigentes. Además, mientras que antes alguien veía que un ingeniero tenía un reconocimiento social, traducido en salario y en prestigio notable, ahora los chicos valoran si ese esfuerzo vale la pena.

-¿Qué grado de responsabilidad tienen las universidades en este fenómeno?

-Las universidades tenemos también parte de culpa porque somos muy rígidas y nos cuesta poner en marcha nuevas carreras más adaptadas a los tiempos actuales. Es cierto que hemos implantado titulaciones como Ingeniería Biomédica o Biotecnología o Ingeniería de la Energía, ramas que antes no había. Pero todavía nos falta la agilidad necesaria para captar alumnos.

-¿Qué diferencias detectan entre alumnos y alumnas?

-En los estudios tecnológicos pasa algo singular. Y es, frente a las demás áreas de titulaciones universitarias, el bajísimo porcentaje de mujeres. Hace tiempo llegamos a un porcentaje máximo del 33% pero de ahí no pasamos y ahora ese índice de alumnado femenino en las titulaciones de tecnología impartidas en España no supera el 28-30%.

-¿Por qué sucede esto?

-Llevo años haciéndome esta pregunta, al igual que muchas empresas deingeniería, en las que les faltan ingenieras. No es un problema solo español, porque lees la prensa inglesa o americana y ocurre  lo mismo. Hay  estereotipos como que no son carreras para mujeres por la dureza de la profesión pero, curiosamente, donde menos porcentaje femenino se produce es en Informática. Creo que tiene que ver con la educación que todavía es muy sexista, los  juguetes son distintos para las niñas y los niños, los mensajes publicitarios también. Creo, además, que la educación de la mujer le hace tener una inclinación mayor, por forma de ser, hacia los temas que se perciben como más sociales o de cooperación.

-¿Qué carreras les atraen más a las alumnas?

-Les atrae la Biotecnología, la Biomedicina, la Ingeniería Química y la Arquitectura y el mundo del diseño. Ahí tenemos más mujeres.  El mundo de las matemáticas o la física les atrae menos, aunque son tan brillantes o más que los chicos.

-¿Han implantado alguna iniciativa para cambiar la tendencia?

Sí. En colaboración con siete empresas, de momento. Este verano realizamos unos campamentos tecnológicos, en los que queremos que haya una gran participación de mujeres. Nuestro objetivo es visualizar  que el papel de la mujer entre los ingenieros es muy importante. En septiembre habrá una feria tecnológica dirigida no a las empresas sino a chicos de entre 12 y 16 años, a los queremos transmitir que la Ingeniería además de ser divertida no entiende de género. Tenemos también un programa de fomento de vocaciones con una red de colegios con los que nos reunimos periódicamente y con los que hemos establecido una red informática para el intercambio de ideas. Hemos ideado el camión de la ingeniería, que irá por los colegios. En este contexto, tendremos doce actividades de difusión de la tecnología en muchas de las cuales contamos con  la colaboración de empresas, que encuentran problemas para cumplir lo que marca la ley de paridad en el ámbito de sus trabajadores con titulación de Ingeniería.

 -¿Influyen los colegios en la elección?

-Influyen en que en el Bachillerato son relativamente pocos los que ofrecen materias de tecnología y, por tanto, muchos centros no trabajan en esa línea. A los de nuestra red de colegios les estamos ofreciendo ayuda para acercar la tecnología a la formación de sus estudiantes. Asimismo, se deben hacer más prácticas asignaturas como matemáticas y la física y fomentar la creatividad de los alumnos.

-En conjunto, ¿cuál es el área más afectada por la caída de matrícula?

-Sin duda, en mi universidad el sector “verde” (Forestales, Montes, Agrónomos y Agrícolas). En estas carreras viene cayendo la demanda desde hace tiempo, desde que cambiaron las políticas agrarias. Solo la Biotecnología está ayudando algo.  Más recientemente, las relacionadas con Edificación e Ingeniería Civil.

– Minas también tuvo problemas para captar alumnos…

Sí, pero supo reaccionar hace años al implantar el título de Energía y la Escuela se ha recuperado.

-¿En esta crisis de las politécnicas ha influido el hecho de que todas la oferta del área tecnológica se haya extendido a todas las universidades?

-En realidad, hay varias facetas en ese hecho. Por un lado, más oferta afecta al número de estudiantes de cada Escuela. Por otra parte, los estudiantes tienen Ingeniería más cerca de casa y eso facilitaría el acceso a estudios tecnológicos, cosa que no se percibe con la caída de vocaciones tecnológicas antes señalada. Sin embargo y como consecuencia de las limitaciones a la tasa de reposición de profesorado (solo se puede reponer uno de cada diez jubilados), en algunas universidades que implantaron estudios tecnológicos recientemente tienen que dar clase docentes sin experiencia en estas materias y eso influye en la percepción de las ingenierías como algo más teórico.

-¿Es verdad que hay universidades que se saltan las normas a la torera a la hora de implantar una Ingeniería y que las administraciones hacen la vista  gorda?

-Quizá no las normas legales pero sí las buenas prácticas en la formación de ingenieros. Hay universidades que ofertan formar un ingeniero a distancia y en sábados. Alguna otra ha expedido cerca de 4.000 diplomas de una titulación tecnológica en tres años, lo que pone de manifiesto que tienen un enfoque más hacia el negocio que hacia la formación de tecnólogos de calidad.

-¿No se puede hacer nada?

-La ANECA debería intervenir, pero solo se centra en burocracia, burocracia y burocracia sin fundamento. La Agencia sirve para la acreditación nacional y para dar valor oficial en España a los títulos, pero donde realmente hay que acreditarse es fuera, pues las acreditaciones internacionales son más serias y por tanto más respetadas en países extranjeros.

-Hablemos del índice de fracaso y abandono

-Siempre hemos sido muy exigentes aunque, con la adaptación a los planes de Bolonia, se está mejorando. Ocurre que cuando ponemos un 6 parece que regalamos un punto y son alumnos que entran con notas muy altas y van de más a menos. Tenemos un  largo camino que recorrer para mejorar porque, con tanta dureza, los alumnos piden becas y no se las dan. De hecho, estamos aplicando programas de innovación educativa que ya están dando sus frutos. No obstante, la exigencia en los estudios que se tiene en la Universidad Politécnica de Madrid hace que nuestros egresados tengan un futuro profesional con mayores oportunidades que los egresados de otras instituciones.

-Por cierto, ¿cómo es la experiencia de Bolonia?

-Bolonia, es decir, la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), tiene efectos positivos. El abandono está bajando pese a que Bolonia es muy criticada. ¿Por qué se dice que los ingenieros de este modelo son peores si todavía no ha salido ninguna promoción? Yo espero que nos ahorremos años de permanencia en la Universidad. Ni vamos a más duración ni los ingenieros son peores. Lo importante es que mantenemos los buenos profesores.

-En este sentido, también hay problemas…

-Las tasas de reposición de los docentes jubilados es un problema añadido a los mecanismos de promoción.

– ¿Y la financiación?

-Son dos temas que van muy unidos. La crisis está afectando mucho a las universidades, a través de los brutales recortes y de las subidas de tasas. Pero me parece todavía más grave esa actitud de algunas autoridades que tratan a  las universidades son como si fuéramos poco menos que delincuentes.

– ¿No ha cambiado esa consideración por parte de las administraciones?

-No se percibe. El  Ministerio no consulta nada, y la Comunidad de Madrid, aunque mostrando un mayor respeto institucional, consulta muy poco y aplicalos graves recortes. El Gobierno parece ignorar al sistema universitario. Todos los rectores entendemos la difícil situación y que haya que tomar medidas porque las sufre la sociedad, y no somos una excepción. Pero se pueden hacer las cosas de otra manera.

– ¿Cómo es la valoración social de la Universidad?

-Cada vez que veo las encuestas de opinión creo que los profesores y los investigadores en general cuentan con un alto respeto. No me quejo del respeto social sino del menosprecio de nuestras autoridades hacia el sistema universitario español, que una vez más muestran la distancia que les separa de la opinión pública. No es de recibo que la presidencia de la CRUE solicite una entrevista a un director general meses y meses. Los rectores somos de lo más disciplinados y los universitarios estamos sometidos a numerosos controles. Aprobamos las presupuestos y nos los tienen que autorizar, nos chequean las cuentas, nos evalúan a los profesores, verifican y acreditan las titulaciones… ¿Qué más podemos hacer?

-¿Ha habido alguna rectificación en lo que concierne a las becas?

-Recientemente han suavizado un poco las exigencias académicas. Pero no tiene sentido el elevar la nota para la obtención de las becas, que no tienen como objetivo premiar el rendimiento académico. Primero porque sería muy fácil hacer la trampa (bastaría con elevar la calificación a quien apruebe para incrementar la nota hasta el límite exigido). Segundo, porque si se quiere que en la Universidad sólo esté el que tenga una nota superior a una determinada (me da igual un 6 que un 7 o que cualquier otra) que eso sea una condición para todos, no sólo para los que tienen menos medios económicos. Porque el estudiante que no tiene beca explícitamente también tiene una beca del orden del 75% del coste de sus estudios.

-¿Qué opina del sistema de préstamos del que se habla como complemento de las becas, que defiende el ministro Wert?

-El préstamo endeuda a quien lo recibe y, vista la experiencia en universidades extranjeras, puede suponer un riesgo para las propias universidades. Ya existen en varios países demandas contra muchas de ellas porque deben valorar el salario mínimo y las posibilidades de trabajo del futuro profesional y, cada vez con más frecuencia, las previsiones no se ajustan a la realidad. No es una solución. Existen casos de universidades que han sido condenadas por los tribunales en favor de las familias.

– ¿Hay que reformar la Universidad?

-Sí, pero se necesita un periodo de estabilidad en el marco universitario para poder hacerlo con sosiego. Carece de sentido cambiar titulaciones implantadas en 2010 o plantearse que los grados sean de tres años cuando no se ha visto bien su recorrido ni están acabados de implantar los másteres profesionales. Es verdad que cuatro años es infrecuente en nuestro entorno y perjudica a la movilidad, pero hay otras vías de solución y este no es el momento. Habría que retomar la idea que lanzó Ángel Gabilondo, en su etapa de ministro de Educación, de alcanzar un Pacto de Estado para dar estabilidad el sistema.

-¿Sobran universidades?

-No creo que haya demasiadas universidades, pero no todas deben hacer lo mismo. Es imposible tener 70 “complutenses” porque la oferta se duplica y no hay demanda. Falta diversidad de modelos y urge repensarlos. No puede ser que, hasta hace diez años,  Aeronáutica se impartiera solo en Madrid y ahora exista en ocho o diez universidades. En primer curso, hay profesores preparados. Sin embargo, a medida que avanza la especialización, no. Merece la pena ordenar modelos y titulaciones porque no podemos ser todas las universidades iguales. Las universidades las crearon los políticos por motivos electorales y ahora parece que somos las universidades las que nos hemos reproducido. El dilema no es fácil, pero hay que reinventar algunas de las actuales.

– Usted sostiene que la Universidad en general, y la Politécnica en particular, tienen que hacer muchas cosas, pero que necesitan de un periodo de estabilidad para llevarlas a cabo. En el caso de su Universidad, ¿qué es lo más urgente?

-La UPM debe acometer una reforma estructural interna muy intensa, ya que el marco de Escuelas  Universitarias y Escuelas Técnicas Superiores se ha quedado obsoleto.

-¿Han iniciado de algún modo esa tarea renovadora?

– Sí. Hemos comenzado por fusionar centros y reducir el número de departamentos, en donde hemos  pasado de 114 a 60. Además, estamos racionalizando la oferta de titulaciones.

-¿Les llega el presupuesto para todo?

– Claramente, no. Los recortes de la Consejería de Educación en la subvención nominativa no dan ni para pagar la nómina. Además, los docentes han visto reducido su complemento autonómico.

-¿Cómo resuelven el problema?

-Con recursos propios procedentes de proyectos de investigación y con la aportación de las tasas de los alumnos.

– El año pasado fue muy convulso…

-Sí porque nos vimos obligados a prescindir de 301 interinos así como a incentivar las jubilaciones anticipadas, de modo que ha habido profesores que han dejado la Universidad a los 65 años, en lugar de a los 70. Esto supone que hemos pasado de una plantilla docente de 3.300 personas a 3.030.

– ¿Es duro tomar decisiones de ese tipo?

-Han sido las peores decisiones que he tomado en mi vida pero la alternativa era peor.

– Cambiemos de tema. Los ingenieros pre Bolonia están soliviantados por entender que están devaluados en el ámbito internacional y no pueden competir, ¿dónde está el problema?

-Hay una realidad, pero sobre todo afecta a Caminos, debido al parón del desarrollo de las infraestructuras que ha llevado a muchas y grandes empresas a buscar obras fuera de nuestras fronteras. Estas empresas saben cuándo compiten fuera de España que una obra pública sale con unas condiciones. Por ejemplo, que el director de alguna de sus áreas tenga titulación de master, y nuestros ingenieros pre Bolonia aún no están equiparados por el Ministerio a este nivel académico pese a que sus carreras son de cinco a seis años, es decir, equivalentes a master. Sin embargo, esto es difícil de explicar y  ha habido empresas que han perdido contratos, e incluso alumnos que no han podido seguir estudios de posgrado en otra Universidad. El problema existe, sobre todo en las carreras apegadas a las atribuciones, no tanto en las que no las tienen. Y eso no lo ha regulado ni el actual Gobierno ni el anterior.

-¿Cómo se puede resolver?

-Hay unanimidad en que el nivel de ingeniero tenga el reconocimiento de máster. Lo que sucede es que algunos colegios profesionales se oponen a que a los ingenieros técnicos pre Bolonia se les equipare a los actuales grados y ahí se complica la situación. Para mí la solución sería fácil: quien antes tenía acceso a Doctorado debiera ser equivalente a Máster y quien no lo tenía, equivalente a Graduado.

– En cualquier caso, piden un ajuste normativo…

-El marco español (Meces) tiene cuatro estratos y el europeo  (EQF) ocho. Hay que coordinar el marco español con el europeo.

 -¿Las grandes empresas están presionando?

-Me consta que así es, que grandes empresas están hablando con varios ministerios, no solo con el de Educación. Han pedido se resuelva esto ya. El Gobierno no puede otorgar el título de máster a los pre Bolonia, pero sí declararles como títulos equivalentes. Además, el tema se centra mucho en Ingeniería pero afecta también a los licenciados de otras áreas.

 

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