Unos buenos resultados de Google fueron suficiente para que el mercado «olvidara» la tensión en Ucrania y se concentrara en lo que de verdad les interesa a los grandes en este momento: subir.
La incógnita reside en contestar a una pregunta fundamental ¿subir para qué?. Y aquí es donde no se pone de acuerdo casi nadie. En líneas generales, el asunto de los opinadores está dividido entre quienes piensan que subir para tener otra fase de mercado alcista importante a partir de que salte por los aires la barrera de los 2.000 puntos en el S&P 500 y quienes piensan que lo que los grandes buscan animar al personal para que compre ahora antes de que sea tarde y repetir una jugada muchas veces vista: endosarles sus papeles y dejar que la cosa caiga para comenzar el proceso de nuevo.
Si nos guiamos por el mago Kostolany, estaríamos más cerca de salir de estampida que de caer de golpe. Decía el viejo Kosto que cuando «todo el mundo compra, yo vendo» y que los titulares de los periódicos eran una buena guía para el sentimiento contrario. Pues en los titulares de los periódicos no hay euforia bursátil y los medios especializados son precisamente los que más ponen el énfasis en el miedo.
Evidentemente, Kostolany solo hay uno y este murió hace ya unos años sin que el mundo bursátil haya encontrado un «contrarian» que pueda sustituirle en notoriedad, influencia y sabiduría, pero ni hay volumen que refleje que el particular se ha vuelto loco a comprar, ni mi vecino me recomienda comprar acciones, cosa que pasa siempre cuando las cosas están a punto de desmoronarse.
El problema es que vivimos un mercado completamente nuevo porque es un mercado dopado, artificialmente mantenido con «pólvora del Rey» y que no sabemos cómo va a reaccionar cuando de verdad se acabe el dinerito fresco de la Fed y, sobre todo, cuando los tipos de interés comiencen a subir y otros activos comiencen a ser interesantes. Porque buena parte de lo que sucede ahora es que la Bolsa no tiene competencia. No hay ningún activo que pueda ofrecer una rentabilidad aceptable para un inversor medianamente avispado (ahí no entran los que van al banco a que les coloquen cualquier cosa).
Pues dentro de todo este lío, los resultados empresariales han tomado una importancia capital. Siempre fueron importantes, pero ahora mismo son la base que anda sosteniendo el cotarro. Si las empresas punteras siguen adelante y baten las previsiones, el mercado lo saluda con subidas generalizadas. Eso sí, al que se queda por el camino le zurran de lo lindo. A AMD la han metido hoy un palo del 16% porque no ha llegado a donde se preveía.
Y ahí seguimos, cerca de los máximos, respondiendo ca cada bajada con una nueva subida y con un mercado que parece estar literalmente loco. Es la fase que nos ha tocado vivir. Una fase en la que lo que legítimamente preocupaba ayer y de lo que hoy se sigue hablando pasa a un segundo plano bursátil en apenas unas horas para permitir que esto siga manteniéndose.
Al cierre, el Dow Jones avanzó un 0,73%, el S&P 500 un 1,03% y el Nasdaq Composite un 1,57%. ¿Alguien es capaz de entenderlo?
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