Repsol ha entrado en una nueva etapa clave de su historia, pero la actual no está marcada por la crisis con algún accionista relevante, como ha sido el conflicto con Pemex, o por una operación traumática, como fue la expropiación de YPF. Al contrario, ahora en el caso del impacto de la pérdida de la filial argentina, contabiliza más de 6.000 millones de dólares por su salida de ese país, entre los bonos recibidos como compensación y la venta de la participación que aún tenían de YPF.
Este perfil actual de la empresa, que ha cerrado su presencia en el país austral en un momento idóneo, antes que volviese con fuerza el fantasma del default del país, está marcado por la elevada liquidez. Por la indemnización y por la venta de otras activos, que le permiten afrontar el futuro con dos objetivos básicos, pero no incompatibles: la compra de empresas o activos y/o una nueva remuneración extra a los accionistas.
En la conferencia con los analistas tras publicar los resultados del primer semestre, el director financiero del grupo, Miguel Martínez, confirmó que la compañía está estudiando en invertir en Canadá. Insistió en que no hay ninguna decisión tomada, y que además la petrolera cuenta con generación de caja suficiente para mantener sus planes de inversión en producción y exploración
Así lo explicó este jueves el director financiero de Repsol, Miguel Martínez, durante una conferencia con analistas con motivo de la presentación de los resultados del segundo semestre, en la que explicó que si la petrolera no realizase una operación de compra procedería a la devolución del dinero a los accionistas.
No obstante, en caso de no encontrar activos que añadan valor al grupo, se plantearían retribuir de nuevo a los accionistas. Repsol ya abonó un dividendo extraordinario de un euro por acción con cargo a los resultados del presente ejercicio.
Martínez calificó de «desastre total» la situación en Libia en el segundo trimestre del año, pese al inicio más aceptable de principios de año. Si bien espera que la situación mejore en los próximos meses, aunque reconoció ciertos problemas «logísticos», especialmente en la ciudad de Trípoli. Los problemas radican en la salida de los productos, ya que las infraestructuras libias “están inundadas de crudo” y no puede enviarse más a los puertos. Con todo, el grupo mantiene su objetivo estratégico de elevar la producción un 7% anual.
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