Ahora que ha culminado el proceso congresual de renovación de la dirección del PSOE y Rubalcaba puede celebrar este lunes, 28 de julio, su 63 cumpleaños sin un peso encima, vale sacar algunas conclusiones de lo que ha ocurrido en el principal partido de la oposición:
Los afiliados han votado directamente al dirigente que han creído más capaz entre los tres que recolectaron más del 5% de las firmas o avales de los militantes censados para presentar su candidatura en un proceso democrático como no hay otro en ninguna formación política española.
El nuevo secretario general, Pedro Sánchez, quería contar con sus competidores internos, Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias, en la Ejecutiva, pero, por muy distintas razones, han preferido dar un paso atrás y quedarse únicamente en el Comité Federal para ejercer la crítica y el control, lo cual garantiza discusión y dialéctica interna, siempre sana, según los filósofos de la naturaleza social y política.
Pedro Sánchez ha compuesto una dirección amplísima, con 38 miembros, en la que están representadas todas las federaciones y organizaciones socialistas, incluido el PSC y las JSE que, junto con Andalucía, son las que mayor influencia han tenido en la renovación total. De hecho, la presidenta andaluza, Susana Díaz, y el secretario de organización, Cesar Luena, fueron compañeros y dirigentes de la organización juvenil del PSOE.
La nueva dirección, con 20 mujeres y 18 hombres, ha obtenido el respaldo de más del 80% de los 1038 delegados que asistieron al congreso extraordinario, lo que significa un buen punto de apoyo para ponerse en pie y echar a andar de forma unitaria. Brillarán con luz propia Luena (Orgnización y Acción Electoral), Antonio Pradas (Política Federal), Patxi López (Acción Política y Ciudadana), Carme Chacón (Internacional), Iratxe García (Unión Europea), Manuel de la Rocha (Economía), Mari Luz Rodríguez (Empleo), Carmen Montón (Igualdad), María Luisa Carcedo (Bienestar), María José Sánchez Rubio (Sanidad), José Miguel Pérez (Educación) y, por supuesto, Ximo Puig, en “reformas democráticas” anticorrupción.
Frente a los que insisten, por contundentes y sobradas razones, en desalojar al PSOE de la izquierda, Sánchez ha hecho el primer guiño a los trabajadores, la clase media, los indignados, ofendidos, hastiados por las políticas del PP a decretazo y tente tieso, y ha dicho que dará el mismo tratamiento fiscal a los beneficios empresariales y a los salarios y las rentas del capital. Apuesta por una intervención decidida del Estado en sectores clave de la economía, como el energético y el financiero. ¿De qué vamos a vivir los españoles? El país tiene recursos, pero le falta gobierno, planes industriales, de I+D y de economía social, generadora de desarrollo, empleo con salarios dignos y reparto del tiempo de trabajo. Para esa transición hacia el nuevo modelo económico de desarrollo reclama lo que antes se llamaba la devaluación del euro y él prefiere denominar “reestructuración” para sacar de la crisis a la Europa del sur, si es que realmente la UE se llama “unión”.
En una cosa tiene razón Sánchez con el “reformismo de izquierda” de su discurso inicial: “No hay nada más ideológico que la Economía”. Frente a aquel Zapatero que llegó a decir que los impuestos no eran de izquierdas ni de derechas, y a los que solemnemente se colocaron al servicio de los intereses financieros para “refundar el capitalismo” un fin de semana en el G-20 después de haber practicado unas políticas de sustitución de impuestos por deuda en la financiación del Estado que les convirtieron en rehenes de los mercados financieros y desde entonces han gobernado contra los de abajo y han desguazado el Estado social, el nuevo dirigente del PSOE trae ideas propias. No son rupturaristas ni atentan contra el libre mercado, pero resultan esperanzadoras en la medida en que exigen que el dinero que se ha dado a los bancos para que estén bien repletos, se ponga al servicio de los trabajadores para que la economía satisfaga las necesidades de la gente.
No olviden que Pedro es discípulo de Sampedro, el economista y escritor que con el también desaparecido Stéphane Hessell desvivió sus últimos años como guía intelectual del movimiento de indignación que hace tres años movilizó a millones de jóvenes y no tan jóvenes en nuestro país y en otras capitales del mundo donde la gente se preguntaba y pregunta si el trabajo total y absoluto debe estar al servicio del dinero y la riqueza de los más ricos, a los que además se les perdonan los impuestos mientras la gente lo pasa mal. No se trata tanto de declarar “odiosa” parte de la deuda pública, sino de que los beneficios reviertan a la sociedad. Y, para empezar, de que “Rajoy o quien sea”, explique en el Parlamento la causa y razón por la que ha vendido ya dos entidades reflotadas con dinero público (Nova Caixa Galicia Banc y Cataluña Banc) con una pérdida de 20.000 millones de euros, un dinero que ha quitado a las pensiones, la sanidad, la educación.
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