Catalunya conmocionada

31/07/2014

Josep M. Orta.

La confesión de Jordi Pujol ha conmocionado Catalunya hasta dejar en segundo plano el encuentro Rajoy-Mas. La sorpresa ha sido mayúscula y la incredulidad no menor. En un momento se ha derrumbado un mito.

Sin embargo en este asunto hay muchos puntos oscuros y la herencia depositada en Andorra no acaba de casar. Todas las miradas se dirigen en las actividades de los hijos del ex president y hay quienes interpretan que el escueto comunicado en el que Pujol se auto inmolaba no era otra cosa que un intento desesperado de asumir responsabilidades ajenas y salvar a la familia.

Es pronto para sacar conclusiones definitivas, faltan datos y la respuesta a muchos por qués. En cualquier caso la vida sigue y Rajoy y Mas por fin se encontraron. Oyendo la rueda de prensa del segundo y el comunicado del primero recordé la frase de un dirigente del PP aún en activo que tras una reunión conflictiva aseguró “el encuentro ha ido muy bien, no nos hemos puesto de acuerdo en nada o sea que tendré el placer de seguir hablando con estos amigos”.

A mi parecer lo más importante del encuentro es que se ha restablecido el diálogo (esperemos que al menos este punto sea cierto). No me atrevería a decir que “es el principio de una gran amistad” pero al menos hablan y ponen los problemas encima de la mesa. Ni Rajoy puede aceptar el referéndum ni está en mano de Mas desconvocarlo. El próximo 11 de septiembre Barcelona volverá a vivir una multitudinaria manifestación independentista. Aunque las comparaciones son odiosas, confrontarla con las concentraciones que han convocado los  ”españolistas” hablan por sí solas. Si la participación de las primeras son millonarias las que acuden a las segundas se cuentan por centenares, con buena voluntad, millares.Este es el verdadero problema, que ambos están prisioneros de los que tienen detrás, unos en Catalunya y otros en el resto del país.

Como mínimo ahora se reconoce que España tiene un problema con Catalunya y el aceptar el conflicto es el primer paso para buscar soluciones, aunque los dos contertulios de La Moncloa son conscientes que su capacidad de maniobra es limitada dado que en esta situación las bases de unos y otros desbordan a sus dirigentes y un cambio de líderes no variaría lo más mínimo la situación.

Esto pasa el día después del encuentro cuando Catalunya está dolida, se siente traicionada y no acaba de asimilar la cara oculta de Jordi Pujol

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