El BCE lleva mucho tiempo revelándose incapaz de casi todo y hoy se ha reconocido incapaz de anticipar qué efectos puede tener para la economía de la Eurozona la guerra de sanciones contra Rusia a causa de la crisis de Ucrania.
Es incapaz de definir su rol, es incapaz de defender el euro, es incapaz de poner en marcha estímulos, es incapaz de reconocer que las cosas están muy malitas en la UE y ahora también es incapaz de calcular, de prever, de anticipar. ¿Para qué tenemos un BCE entonces?
Eso es lo que se preguntan los mercados. Con Italia ya en recesión, Alemania perdiendo fuelle y Francia al borde del abismo, Mario Draghi, el bocachancla que ejerce como jefe del BCE, insiste en que ‘si fuera necesario tomar medidas…’ y que ‘las TLTRO que se pondrán en marcha el mes de viene..’
¿El mes que viene? No había grandes esperanzas en el BCE y no me extraña. No tiene absolutamente nada que ofrecer aparte de las palabras y el desparpajo de Draghi y el bloqueo al que Alemania y sus secuaces someten cualquier intento de ayudar a la salida de la crisis.
Parece increíble que no se haya producido una sola revisión crítica de un proceso que ha llevado a Grecia a la práctica ruina y a diecisiete meses consecutivos ya de inflación negativa.¿No hay deflación? ¿De verdad que esas recetas no nos llevan de cabeza a la deflación?
Y tampoco una sola palabra acerca de cómo ha sido posible que el sistema financiero portugués escapara a la capacidad de revisión de la troika. Tanto exigir y tanto controlar y resulta que el Banco Espirito Santo, sistémico en el país vecino, era un coladero que ha pasado inadvertido para los sabuesos de la troika. Un trabajo fino, pero que muy fino…
Eso sí, Draghi ha calificado a la tensión en Ucrania como el principal factor de incertidumbre para la economía europea y ha admitido que la economía de la Eurozona se ha debilitado «un poco» por este motivo. Uno espera que un presidente del BCE sea capaz de decir cuánto es «un poco», pero ni eso ha hecho.
Luego nos extrañaremos de que el mercado se desplome, pero si estos tipos (y otros incluso peores) son los que tienen que sacarnos las castañas del fuego, apañados vamos. Bueno, más bien así nos va y el mercado lo sabe…
Total, que Draghi se encargó de tirar por tierra el esfuerzo de los mercados por minimizar el impacto del desplome total de la banca portuguesa. El mercado intentaba recuperar fuerzas y en este gráfico se puede apreciar cómo la «hora de Draghi» devuelve al Ibex a la zona de problemas y cómo la apertura negativa de Wall Street termina de sepultar al selectivo:
Para los que les gustan estas cosas, el índice del Mercado Continuo mantuvo los 10.000 puntos. Si siguen así las cosas, es cuestión de un rato que los pierda.
Al cierre, el Dax perdió un 1,00%, el FTSE un 0,58%, el CAC un 1,36% y el Ibex un 1,64%. Como a todo hay quien gane, el PSI portugués se dejó un 2,27%.

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