No lo hagáis, por favor, leed esto antes

08/08/2014

Daniel Serrano. Yo también quise ser escritor. Tal vez, incluso, lo intente algún día. Pero hay que pensárselo dos veces.

Me refiero a que cada persona humana de las que aparece en televisión presentando un programa-concurso, bailando, leyendo noticias en los informativos, enseñando muslamen y cosa similar debiera antes leer, por ejemplo, Años luz de James Salter y preguntarse si merece la pena escribir una novela habiendo sido escrita esta rotunda y dolorosa obra maestra.

Digo Años luz porque con Años luz he descubierto a James Salter. No lo descubrí con sus relatos de La última noche.

Esos cuentos los leí tras una entusiasta recomendación hecha en Babelia por Antonio Muñoz Molina. Apenas me llegaron.

Luego mi madre me ordenó leer Años luz y buff. Esto es literatura. Con mayúsculas.
James Salter nos cuenta la vida con su alegría inmensa, con su tristeza cósmica, el paso del tiempo, cómo todo está abocado a la extinción, cómo el amor es frágil, tal vez incierto, y cómo, sin embargo, mañanas luminosas e instantes bellísimos nos salvan del horror.

Siempre nos salva un accidente. Una persona a la que jamás hemos visto.
Eso escribe Salter. Cuánta verdad. Años luz es un libro que rezuma verdad. Verdad de la que trastorna.

Es este un tratado sobre la familia. Sobre padres e hijos y las ilusiones que se forjan y que jamás acaban de concretarse.

Los hijos son nuestra cosecha, nuestro cultivo, nuestra tierra. Son pájaros a los que se suelta en la oscuridad.

Escribe Salter.

Y también:

Uno de los últimos grandes descubrimientos es que la vida no será lo que soñabas.
James Salter es un pesimista extraño. Porque en medio de toda la oscuridad que percibe a lo largo y ancho de la existencia también sabe describir a la perfección la profundidad de los momentos felices. Esos momentos aparentemente minúsculos pero que, al final, constituyen la verdadera felicidad: las cenas de Navidad, mirar por la ventana y ver caer copos de nieve, la caricia de un perro, niños jugando en la playa, un vino blanco frío y un poco de queso, la noche cerniéndose sobre la casa caliente…

Años luz cuenta la historia de un matrimonio que se ama o tal vez no o jamás se amó, quién sabe. Un matrimonio en Estados Unidos, entre los años 50 y los 70 u 80 del siglo XX, en una bonita mansión a orillas del Hudson, a una hora y pico de Nueva York. Una familia feliz. Todo lo feliz que se puede ser.

Años luz es una obra maestra. Por eso los famosos que salen en la tele y escriben novelas debieran leerla y luego preguntarse: ¿por qué he de hacerlo yo? ¿Por qué otra novela romántica o de intriga o picantona que robe su espacio a este tipo de grandísimos libros ? Allá usted con su conciencia. ¿No gana ya lo suficiente con la tele? ¿No hace el amor lo suficiente? ¿Aspira a la gloria literaria? Tenga piedad.
Años luz de James Salter resulta una lectura impactante. El último capítulo es demoledor. Escribe Salter:

Sucede en un instante. Todo es un largo día, una tarde interminable, los amigos se marchan, nos quedamos en la orilla.

Eso, exactamente, es la vida.

Años luz. James Salter. 381 páginas. Salamandra.

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