Una vez más España trabaja a ritmo de improvisación. ¿Será por nuestro carácter frente a otros más cuadriculados como el de los alemanes? Lo cierto es que la repatriación del religioso Miguel Pajares, infectado con el virus del ébola, nos ha vuelto a poner en la palestra, pese a las felicitaciones enviadas desde Estados Unidos, por eso de que además de improvisar nos gusta colgarnos medallitas.
Lo lamentable es que la improvisación era sobre algo tan letal y contagioso como el ébola. La propia Organización Mundial de la Salud acaba de declarar la emergencia de salud pública mundial. Una declaración que se asienta en la seriedad de la epidemia y la posobilidad de que aumenten los contagios. En poco tiempo ya hay más de 900 muertos y más de un millar de personas contagiadas… que se sepa.
Y cuando se conoció que Miguel Pajares estaba contagiado, la decisión fue traerlo. La ministra de Sanidad, Ana Mato, abandonó sus vacaciones y se puso a coordinar con los máximos responsables de la sanidad pública lo que se debía hacer. Pero muy pronto surgió el primer problema. El Hospital Carlos III, centro hospitalario de referencia nacional para todo tipo de enfermedades infecciosas, había sido desmantelado por culpa de los recortes y el personal especializado distribuido por otros hospitales.
Así que no quedó otra que volver a reunir a los profesionales dispersados, recuperar todo el material de tratamiento y prevención, dar un curso acelerado de entre 15 y 30 minutos a doctores, enfermeras y demás personal que iba a entrar en contacto con el enfermo, habilitar un espacio donde no hubiera más enfermos, y enviar a los enfermos ingresados a otros hospitales o a sus casas, además de cancelar las consultas más próximas y no aceptar nuevos pacientes.. Todo esto en tres días. ¿Han pensado nuestros actuales gobernantes y recortadores del sistema sanitario qué hubiera pasado si con anterioridad no se hubiera invertido en todo lo que ahora se han limitado a «poner al día»?
Tres ministerios se han visto implicados: Sanidad, Defensa y Exteriores. Ellos han decidido quién venía y quién se quedaba. Apostaron por Miguel y la reliogiosa Juliana Bonoha Bohé. Otras dos religiosas compañeras del sacerdote y la monja se han tenido que quedar porque no tenían pasaporte español, ¡como si el ébola entendiera de nacionalidades!, pese a que en el avión del presidente del Gobierno -fletado para tan importante ocasión- había suficiente espacio para los cuatro.
Pero claro, el ébola es letal y había también que preservar a la población. Así se entiende el despliegue realizado por las autoridades españolas. Se médicalizó el avión de la fuerza aérea española utilizado por el mismo presidente Rajoy en sus viajes, y a su llegada a la base de Torrejón de Ardoz una comitiva de 15 vehículos se dirigió al hospital Carlos III, escostas de la Policía Nacional y de la Guardia Civil y dos ambulancias aisladas del Summa. Un despliegue a la más genuina película de ciencia ficción, como el cubículo ideado para el transporte de los dos religiosos, en un asilamiento plastificado. Todo el personal cercano a los dos enfermos también ataviados con monos blancos, mascarillas, guantes dobles….
Lo de menos es quién pagará los 400.000 euros que cuesta tan histórico y aislante despliegue. En Sanidad dicen que lo pague la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios; Rajoy que lo pagará el Gobierno, vamos los españoles, porque no veo que vayan a descontar de su sueldo al propio presidente y su gabinete de ministros. Por rescatar a dos personas no se nos rasgan las vestiduras; más sangrante ha sido para nuestros bolsillos rescatar a los bancos…
Lo importante es el miedo que supone que el ébola haya aterrizado en España y dada la improvisación demostrada, los profesionales de la medicina tienen miedo; los guardias civiles que deben revisar a las personas que lleguen a los aeropuertos procedentes de los países infectados con los virus, tienen miedo… todos tenemos miedo porque ya conocemos de sobra las chapuzas de nuestros políticos.
No vale que luego nos digan, lo sentimos, nos hemos equivocado, porque el traslado del padre Miguel ha puesto en evidencia los efectos de los recortes en sanidad y la improvisión con que siempre actúan nuestros políticos. El problema es que con un virus letal no se puede improvisar.
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