Anton Gasol, doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Barcelona, ha alertado en una entrevista a TV3 sobre el riesgo de continuar con los niveles actuales del IPC. Gasol ha explicado que con un escenario de baja inflación, la carga de la deuda cada es cada vez más pesada y es más difícil hacerle frente, también para el Estado, endeudado en la multimillonaria cifra de 700.000 millones de euros.
Respecto a los datos de IPC conocidos de julio, la baja inflación contrae el peligro de que si se perpetúa podemos entrar en deflación y eso sería perverso, a pesar de que no apunta a que las cosas acaben así. A algunos colectivos esta circunstancia les favorece, porque si los salarios no suben, como mínimo el trabajador no pierde poder adquisitivo. A los pensionistas también les va bien. En cambio, perjudica a las personas endeudadas porque han de aumentar todo el nominal de la deuda. La tasa de inflación debería ser de un nivel sostenido del 2%, que es el mandado que tiene el BCE.
La recuperación en Cataluña tiene síntomas de mejora, según el experto, al haber más concentración y los precios del turismo que también ayudan a una mejor demanda y actividad. En opinión de Gasol, es normal que la caída de los precios sea menor que en el resto de España y eso, sostiene, «es bueno».
En cuanto a los tipos de interés bajos, para el catedrático haría falta una unión bancaria a nivel europeo. «Si uno puede comprar frutas y verduras de cualquier país, la gente también debería poder confiar sus ahorros a cualquier entidad bancaria de la Unión Europea», subraya Gasol. Sin embargo, denuncia que los bancos están cerrados en sus estados.
En su opinión, la baja inflación se debería corresponder con una retribución del ahorro mucho más alta, cuando en estos momentos nunca antes había sido tan baja. Para los depósitos a plazo, el conjunto del sistema no se paga más del 0,60% en todas las nuevas operaciones, cuando la financiación al consumo que otorgan los bancos se sitúa entre el 4-5% y el 7-8%. La diferencia es de un 700-800 puntos. Para el catedrático, «nunca en la vida había habido una diferencia tan importante entre la remuneración del pasivo y el crédito». Una circunstancia que cree que tiene consecuencias «porque hay poco incentivo para ahorrar y dificultades para invertir».
En conclusión para Gasol la baja inflación perjudica a los créditos, mientras con una inflación del 3% y un crédito a 30 años, casi dos tercios del crédito lo habría secado la inflación. Para el experto, el desendeudamiento no viene por la vía de amortizar el crédito, sino porque la inflación se come una parte importante. Sin embargo, ahora la carga de la deuda es mucho más pesada y más difícil de hacerle frente. No solamente para las familias y las empresas, sino también para el Estado, endeudado por 700.000 millones de euros.