Cuando uno trata de aprender los conceptos básicos de estos de la Bolsa, lee o le explican que existen tres fases de mercado: el mercado alcista, caracterizado por las alzas constantes de los precios de los valores y los índices; el mercado bajista, caracterizado exactamente por lo contrarios, y el mercado lateral, que se produce cuando el mercado no sabe qué dirección tomar y tan pronto sube como baja.
Ahondando un poco más, sobre la fase alcista la mayor parte de los autores subrayan que comienza justo en el momento del pánico bajista y que poco a poco va consiguiendo recuperar el buen ánimo de los inversores hasta culminar en un estado de euforia generalizada. En ese momento comienzan a producirse señales técnicas de agotamiento que son despreciadas por una masa eufórica que mete dinero en el mercado a paladas y finalmente llega la inflexión y el mercado bajista.
Pues bien, este mercado alcista no cumple con ninguna de las premisas que se suponen a tal categoría. Alcista es, desde luego. Los índices están en niveles de máximos, pero hay múltiples razones para pensar que el mercado está mucho más débil de lo que dicen los índices y las cotizaciones y puede ser la primera vez en la historia en la que se produzca la entrada en una fase bajista sin que previamente se haya vivido una fase de euforia alcista.
Ni los particulares meten dinero con carretillas en el mercado ni los precios de las acciones están en máximos de forma generalizada. Es más, parece que los índices suben mediante una carrera de relevos entre los valores que los componen. ‘Sube tú ahora que a mí me da la risa y tengo que descansar…‘ Un puñado de valores, eso sí muy influyentes, se encargan de que los índices se mantengan con apariencia de fortaleza mientras el volumen no acompaña y no hay alegría.
El dinero de la Fed, de los estímulos, ha servido sin duda para que los americanos pasen una crisis infinitamente menos dura que la que hemos pasado los españoles, a quienes los alemanes nos han regalado una ración extra de sufrimiento para que vayamos orientándonos, pero han convertido el mercado en un cachondeo. Por eso todo el mundo tiene siempre presente la incógnita de qué ocurrirá cuando la barra libre de dinero deje de funcionar.
Hoy parece que este pensamiento ha quedado matizado por un buen dato de inflación, menor de lo previsto, que aleja la posibilidad de que la Fed tenga que intervenir rápidamente para subir los tipos de interés, y por un gran dato de nuevas viviendas iniciadas. Al otro lado del Atlántico también todo comenzó con una crisis de vivienda y parece que han logrado revertirla muy rápidamente.
Y sin tanto temor en la cabeza, los índices se han dedicado a lo que más les gusta hacer últimamente, subir y subir. De cuando en cuando nos dan sustos, pero la tendencia está muy clara desde hace ya cinco años.
Al cierre, el Dow Jones avanzó un 0,48%, el S&P 500 un 0,50% y el Nasdaq Composite un 0,43% hasta cerrar en máximos de 14 años, que se dice pronto.
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