Ese machismo casposo que no cesa

22/08/2014

Carmela Díaz.

MujeresObviaré cuestionar la resolución judicial porque tengo por costumbre respetar las decisiones de los tribunales (a pesar de que en los últimos tiempos la Justicia parece estar prostituida y violada a partes iguales).  Me centraré en las reacciones y declaraciones de los cargos públicos al servicio de los ciudadanos que asustan y espantan de idéntico modo. ¿En manos de quiénes estamos? Cuando pensamos que es imposible que nos sorprendan (para peor) resulta que en lo negativo siempre son capaces de superarse.

Por un lado tenemos el que parece justificar (o relativizar) una supuesta agresión sexual con la excusa de que cada año acontecen miles. Ni más ni menos semejante es el argumento que expone sin rubor alguno el alcalde de una de las ciudades más representativas de España. Un cenutrio al que se le debería hacer comprender cómo le sentaría que su hija -o esposa, madre, hermana o nieta- fuese violentada, agredida, baboseada, humillada, penetrada y ultrajada en las entrañas por un sátiro tarado. Sí, también se trataría de una sola violación, pero en tal caso ¿tendría las agallas de recurrir a los números y a las estadísticas para testimoniar el delito?

Por otro, nos topamos con el puro macho vallisoletano (también alcalde para más señas) que vive aterrado por temor a que las women de la tierra se le vayan desbragando y destetando por ascensores y pasillos. Se extraen dos conclusiones: o el maromo se tiene en tal alta estima que Narciso a su lado sería un vulgar aprendiz o su concepto de las mujeres deja mucho que desear. También podría ocurrir que el subconsciente traicionero o la proyección de sus fantasías le hayan jugado una mala pasada…

Carmela Díaz

Por último, el Gobierno de España (a través del Ministerio del Interior) nos aconseja  cómo evitar ser violada. A priori aconsejar con buena intención es positivo aunque las advertencias resulten rancias. Potenciar la autoprotección o recomendar eludir situaciones peligrosas nunca está de más. Pero ¿qué tal si en vez de poner siempre el foco en la víctima potencial lo dirigimos hacia una educación sexual adecuada e implantamos medidas reales para una plena igualdad? ¿Y qué tal si vamos un paso más allá y además de prevenir curamos? Es decir, esforzarnos por aportar soluciones efectivas. Por ejemplo legislando: endurecer las penas por agresiones sexuales (y pederastia) e implementar los cumplimientos íntegros de las condenas puede ser un buen comienzo. Plantearse la castración química para los reincidentes sería un plus.

Es doloroso tener que escribir sobre ello, pero lo cierto es que en pleno siglo XXI -¡¡¡en el año 2014!!!- el machismo casposo, retrógrado y cavernícola no cesa. La cruda realidad es que algunos hombres maltratan a las mujeres.  Que las matan, violan, vejan e infravaloran también. En algunos países no permitían alumbrar un feto del sexo femenino: lo aniquilaban sin contemplaciones antes de que viese la luz. En otros tienen por costumbre mutilar los genitales de las niñas. En determinadas zonas del planeta anulan a las mujeres debajo de un burka y hasta les deniegan el acceso a una educación básica. O las intercambian como mercancía obligándoles a matrimonios no deseados. Pero tampoco hay que irse a parajes lejanos y desiertos remotos. Por estos lares occidentales nos pagan salarios inferiores ante idénticas responsabilidades incluso contando con formaciones y aptitudes superiores a las de nuestros homólogos masculinos. Y encima tenemos que soportar opiniones hilarantes o actitudes inadmisibles de quienes se supone tienen la obligación de defender los derechos de los ciudadanos a los que representan.

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