Espectadores de las incertidumbres

02/09/2014

Josep M. Orta.

Las próximas semanas se presentan apasionantes. Algunos están escribiendo el futuro y el común de los mortales sólo nos queda el papel de ser espectadores del juego de ajedrez que juegan personas muy concretas. Los catalanes, como mínimo, podemos tener un cierto papel en este circo según se vaya –o no- a la manifestación del 11 de setiembre.

Rajoy es tan contundente en señalar que el 9 de noviembre los catalanes no podrán votar en la consulta sobre la independencia como radical el compromiso de Artur Mas de poner este día las urnas en la calle. Aparentemente uno de los dos no podrá cumplir su promesa.

Hay algunas certidumbres. El Parlament aprobará este mes la Ley de Consultas y acto seguido el president de la Generalitat convocará la consulta. Acto seguido el Gobierno presentará un recurso al Tribunal Constitucional que no sólo lo admitirá si no que procederá a suspender cautelarmente tanto la ley como el referéndum. A partir de aquí todo son hipótesis en la que unos pocos que se conocen deciden el futuro de muchos que en muchos casos no se conocen.

En medio hay un temor en la sociedad catalana que se agudice la guerra sucia (la fecha de la “confesión de Pujol” no parece que sea casualidad) i que un movimiento independentista que hasta ahora ha destacado por su carácter pacífico alguien propicie que degenere en un clima de violencia. Ya hay voces que advierten de esta posibilidad.

Por otra parte las peripecias fraudulentas de Jordi Pujol han caído como una losa en los sectores independentistas. Los organizadores de la manifestación de la Diada notan que las inscripciones de los ciudadanos para participar en la gran “v” en Barcelona son considerablemente inferiores a las convocatorias de años anteriores. También hay que tener en cuenta que  en Catalunya el número de secesionistas se había doblado desde la sentencia del Constitucional sobre el Estatut, estos conversos pueden deshacer el camino.

En este laberinto los ciudadanos sólo pueden tener una cierta aproximación de lo que realmente sucede en los despachos por el intercambio de contundentes declaraciones que tienen el altavoz de los medios de comunicación; pero se limitan a ser espectadores conscientes que entre tanto bla, bla, bla, todo puede ser un espejismo y la realidad va por otra parte.

Como en las novelas por entregas, la solución en los próximos números.

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