Has visto la portada de Action Comics mil veces, con ese hombre fornido levantando un coche verde que parece sacado de una vieja película de gangsters. Dentro podrían haber viajado Capone o Joe Dillinger, y habría dado lo mismo: porque el titán de anchos hombros, vestido de azul, con una capa roja que le hace flotar en el viento, había llegado para romper el paisaje de la realidad. La historia es conocida: cómo Jerry Siegel y Joe Shuster unieron sus talentos una noche de verano para crear al primer superhéroe del cómic. Se llamó Superman, para no complicarse con la nomenclatura, y le pusieron una enorme S sobre el pecho, que el refinamiento reciente de los argumentos han acabado convirtiendo en el escudo de un viejo linaje kriptoniano, cuando en su origen fue, sencillamente, la S gigantesca de un tipo tremendo que volaba.
Cuando empezó, el calor se escurría por los dedos nerviosos y manchados de tinta. La noche era abrasiva, tanto como los ojos que podrían derretir el acero. Ni el dibujante ni el guionista podrían imaginar, desde su juventud, que aquel cómic primero de Action Comics llegaría a costar, en una subasta de eBay, nada menos 3.207,852 millones dólares, unos 2,4 millones de euros. Hablamos del ejemplar mejor conservado de ese primer número, propiedad, hasta hace poco, de Darren Adams, dueño de la tienda Pristine Comics, en Washington DC. Lo llaman el “Santo Grial” de los tebeos de Superman, porque allí comenzó una imaginación visual y rentable en el ojo del tiempo, con una nueva estética y su electricidad, y unos personajes que son, después de 75 años, compañeros del aire de una vida. ¿O podríamos recordar una existencia sin Martha y Jonathan Kent, el editor del Planet, Perry White, el leal y apocado fotógrafo Jimmy Olsen y la sensual y esbelta Lois Lane? Desde que nació Superman, sabemos que detrás de cualquier empollón introvertido y torpe, amparado detrás de unas enormes gafas de culo de vaso, puede latir el corazón de un héroe, su pecho medular de anchura cósmica.
El vendedor del tebeo va a donar el 1 por ciento del dinero a la Christopher & Dan Reeve Foundation, la organización que investiga los daños de espina dorsal. Para quienes le vimos en el cine, sólo puede haber un Superman: el interpretado por Christopher Reeve, que le dio hondura y dignidad, como un Gregory Peck que llegó a cincelar el personaje con su humanidad. Después de tantos años, aunque ya no lea comics, veo la vieja portada y sigo creyendo que ese hombre corpulento, saltador por encima de edificios, llegado de otro mundo para salvar lo que queda de este, aún puede caer del cielo y protegernos.
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