No hay duda alguna: Alibaba, la empresa china de comercio electrónico, ha protagonizado la mayor oferta pública de venta de acciones (OPV) de la historia. Nada que objetar. Pero sí recordar, “memento mori”, le decían al César en sus momentos triunfales, “recuerda que eres mortal”. Porque, como escribió Georges Santayana en su “Life of Reason”, “aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”.
Quien no conoce la historia, está condenada a repetirla. Y la historia nos enseña que entre 1997 y 2001 se produjo la denominada crisis de las puntocom. El origen de esa situación está en el mantenimiento de una política monetaria y económica muy laxa, combinado con un exceso de inversión.
Estados Unidos creía vivir en un círculo virtuoso: tipos bajos, inflación controlada, paro simbólico, crecimiento imparable. A esto se une el nuevo paradigma, basado en que la tecnología mejoraría la productividad hasta niveles nunca vistos, y en que Internet permitía hacer las cosas más rápidas, con mayor calidad pero más baratas.
El resultado es que el Nasdaq incrementó su valor en más de un 600% entre enero de 1992 y febrero del año 2000. Prácticamente cada día entraba a cotizar una empresa en el Nasdaq.
Era una fiebre., Yahoo subió en Bolsa el 153% el día de su estreno. Zenith, un fabricante de televisores que estaba en perdidas, multiplicó por tres el precio de sus acciones en mayo de 1996 al anunciar que iba a comenzar a producir aparatos con conexión a Internet.
Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, clamaba contra la “exuberancia irracional” de los mercados, pero no hacía nada para impedirlo.
Luego se desinfló la burbuja. El Nasdaq de los 5.000 puntos en 2000 bajó a 1.300 puntos dos años después.
En España, el mejor ejemplo de esa burbuja de las puntocom fue Terra. La compañía de Telefónica llegó a cotizar a 150 euros en febrero y pocas semanas después se desplomaba a cinco euros.
De todas las redes sociales que salieron a Bolsa (LinkedIn en mayo de 2011, Groupon, Zynga, Facebook, RenRen), prácticamente todas, salvo LinkedIn, presenta rentabilidades negativas.
La historia nos demuestra que el inversor en Bolsa es el único animal que tropieza varias veces en la misma piedra. Ojalá no sea el caso de Alibaba, pero tanta euforia no es buena.
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