Mariano Rajoy rectificó a la exministra Elena Salgado, al asegurar que más que ‘brotes verdes’ la recuperación económica tiene raíces profundas. En menos de un mes su optimismo ha recibido un jarro de agua porque, primero el BCE, y ahora el Banco de España, han confirmado que la recuperación en Europa todavía no ha alcanzado la velocidad de crucero y se han visto obligado a rebajar las expectativas.
Demasiado optimismo desde el Gobierno. A Rajoy le acompañaron en esta buenaventura la mayoría de los miembros económicos de su Gabinete. De Guindos, Montoro, Soria… hasta Báñez alardeaba de lo bien que se estaba creando empleo. Pero no. Ha sido un espejismo, provocado sobre todo por las altas temperaturas de este verano y la llegada de turistas extranjeros en récord desconocido.
Ahora llega el otoño y la dura realidad. En agosto volvió a aumentar el paro. En septiembre vamos por el mismo camino y hasta final de año que nadie espere milagros. La economía española es así. Depende de algo tan volátil como la llegada de turistas, donde el Banco de España constata su fortaleza de máximos históricos anuales. Y de lo que exportamos, que cada vez es menos. Tampoco nos llegan las raíces de las dos principales economías europeas, con Alemania bajando décimas en su PIB y la economía francesa estancada poco nos puede beneficiar. El resto es consumo interno y con tanto paro y tanto miedo a ir a él, que nadie del Gobierno espere que alguno de los ciudadanos se va a liar la manta a la cabeza y tirar la casa por la ventana.
Nadie se fía ya de las previsiones, ni internacionales ni nacionales. Nadie tampoco de las promesas. Lo que se mira es el día a día y ver si se llega a final de mes y a que pase cuanto antes este año para ver si 2015 llega con otras raíces y otros brotes.
De ahí que sectores en franca recuperación como el del automóvil vuelvan a pedir prórroga tras prórroga del Plan PIVE, porque van en la senda de desaceleración interanual, una desaceleración que afecta también a la inversión en bienes de equipo e, incluso, a la propia construcción, que pese a parecer que había empezado a remontar el vuelo, lo cierto es que vuelve a mostrar síntomas de ralentización. En definitiva, la desaceleración de la economía española en el tercer trimestre la ha certificado el Banco de España.
Ante esta evidencia, el ministro de Economía, después de lanzar las campanas al vuelo, ha tenido que rectificar y asegurar que la culpa la tiene el frenazo de la economía de la eurozona. Hay que estar un poco miope para no ver que es que con el poco empleo que se está creando y de tan mala calidad difícilmente el consumo interno va a contribuir a nada.
Lejos quedan la apuestas por cambiar el modelo económico de crecimiento del país. Se habla desde Industria con la boca chica de impulsar la industria española, pero el impulso se ha traducido también en desaceleración. Sólo el sector servicios parece haber salvado los trastos, una constatación más de que España es un país de servicios y poco más (algunas islas de la industria del automóvil…). Y en cuanto la actividad de servicios –hostelería y restauración, principalmente- acaban su temporada alta, el resultado es moderación en la creación de empleo y que el patrón de los patronos nos vuelva a hablar de la necesidad de una nueva reforma laboral, porque la de 2012 no parece haber servido de aliciente a los empresarios para contratar a mansalva, al mismo ritmo con que despidieron a los trabajadores cuando llegó la crisis.
Tanta desaceleración, moderación y ralentización, sin embargo, no han servido para demostrar que el déficit público está controlado y que éste solo se está reduciendo porque el Estado cada vez paga menos por los intereses y las prestaciones sociales.
¿Dónde están las raíces, Señor Rajoy?
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