La privatización del gestor de la red de aeropuertos españoles Aena atraviesa etapas decisivas. Quedan pocos días para que concluya el periodo establecido – de octubre-, en el que los candidatos interesados deberá haber presentado sus ofertas formales para formar parte de núcleo estable del accionariado de la empresa. A estos accionistas se les ha reservado el 21% del capital.
Si bien el ya ex-secretario de Estado de Infraestructuras, Rafael Catalá, señaló en una de sus últimas intervenciones públicas que el Ministerio de Fomento contaba con siete candidatos para formar parte de ese grupo, entre los que pueden estar empresas, fondos y family office. Son inversores que han puesto sobre la mesa peticiones que algunos casos comparten, mientras que otras más centradas en el perfil de cada uno. El asesor legal elegido para este proceso es el bufete de Pérez-Llorca.
Están, por un lado, las empresas. El ministerio quería captar el interés de compañías españolas de infraestructuras, dado que algunas tienen experiencia en el área aeroportuaria además de ser líderes mundiales-, pero parece que no han respondido como el departamento esperaba.
Y es que el diseño elegido, por el que Aena se mantiene como sociedad pública, a través de la creada Enaire -que mantiene el 51% y que estará ahora presidida por Gómez-Pomar- las aboca a ser socios financieros, mientras que Aena seguiría dirigida por José Manuel Vargas. No obstante, los rumores apuntan a que Ferrovial se ha interesado en las fases iniciales, así como alguna family office.
En este contexto, son los fondos los que se decantan como protagonistas relevantes de esta operación. Son los candidatos que más se han interesado en ella, pero dado el perfil de algunas de estas entidades de inversión colectiva, lo que reclaman es una elevada rentabilidad para salir con una fuerte revalorización cuando se cumpla el periodo en el que ya puedan vender.
Y esta se puede conseguir no sólo a través de dividendos -se habla de un pay-out del 50%-, sino que un tema básico es la valoración que se dé a la compañía, es decir, que la OPV no salga en la parte alta de la horquilla barajada, por lo que ésta debería quedar por debajo de los 4.500 millones.
Aena obtuvo el año pasado beneficios por 600 millones de euros y tiene una deuda de 11.000 millones. Otro 28% del capital se colocará en Bolsa entre minoritarios y otros institucionales, también fondos, y está previsto que salga a cotizar al mercado bursátil en noviembre.
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