Los partidos catalanes que apoyan la consulta del 9 de noviembre sobre el futuro de Catalunya están divididos. Unos (ERC y CUP) abogan por celebrar la consulta con o sin beneplácito de la legislación vigente e incluso no hacen ascos a la declaración unilateral de independencia. CiU e Iniciativa (el hermano catalán de IU) abogan por no saltarse la legalidad con el argumento que centenares de miles de catalanes les conminan (programas electorales incluidos) avalan esta postura. En medio, el correspondiente del PSOE (el PSC) que se ha desmarcado de estas negociaciones. Si hay choque de trenes entre Catalunya y España, también lo hay entre las formaciones que defienden la votación (así como el setenta por ciento de los catalanes según una encuesta que el viernes hizo público el Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat
La historia no sé si se repetirá, pero las posturas se asemejan a lo que sucedió el6 de octubre de 1934 cuando el president Companys proclamó el Estado Catalán del a República Federal Española. En Madrid gobernaba la coalición del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux y la CEDA de Gil Robles. La “independencia” catalana apenas duró unas horas y se cerró sin víctimas pero con graves consecuencias políticas y penales: Se declaró el estado de guerra, el ejército ocupó la Generalitat y el Parlament, se suspendió el Estatut, detuvieron al gobierno catalán y lo encarcelaron en el buque Uruguay y nombraron al coronel Francisco Jiménez Arenas como gobernador de Catalunya. Dos años después, con la victoria de las izquierdas en España, Companys fue indultado y repuesto en la presidencia de la Generalitat.
Josep Tarradellas, desde su exilio en Saint Martin le Beau, aseguraba que los catalanes tendrían que borrar el 6 de octubre del calendario. También explicaba que tras ser elegido president de la Generalitat en México el año 54, al volver a Tours se entrevistó con el prefecto francés para comunicarle su nombramiento. El representante del gobierno galo le preguntó: “¿Que piensa hacer?”, a lo que el político catalán le respondió: “Todo, menos el ridículo”.
En estos momentos la encrucijada catalana está precisamente en plantearse la pregunta “qué hacer” y la respuesta –a la hora de escribir este artículo- está muy lejos de ser clara. Claro que en política lo que es verdad a las cinco puede ser una gran mentira a las ocho.
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