Vayamos por orden de intensidad. El Nasdaq Composite ha perdido más del 2%, el S&P 500 más del 1% y el Dow Jones ha quedado mucho mejor con una pérdida inferior al 0,7%.
¿Qué nos dicen estas diferencias? Que el mercado en general está de capa caída, lo que no es novedad, porque el Nasdaq Composite es mejor termómetro para esta apreciación que el resto de los índices principales. Complementariamente, el daño está siendo especialmente intenso en el sector tecnológico.
Que la «clase media» del S&P 500 tiene dificultadas para defenderse, pero se defiende como puede conteniendo las pérdidas de forma aceptable. En cualquier caso, tanto el S&P 500 como el Nasdaq Composite han completado su peor semana desde 2012, lo que habla por sí solo del castañazo que nos estamos pegando.
Y que los ‘blue chips’, las grandes empresas, resisten mejor. O están haciendo valer su condición de valor refugio o los que mandan han decidido contener aquí esperando que los grandes valores sirvan una vez más para «tirar» del resto. Una cosa no elimina a la otra, por lo que pueden estar sucediendo las dos al mismo tiempo.
Pero hay más si miramos los gráficos:
Aquí vemos el Dow Jones, en el que destaca una caída realmente potente, con gran volatilidad, pero que aún se mantiene por encima del soporte que haría pensar en un cambio de tendencia.
Este gráfico corresponde al S&P 500 y nos muestra a un índice en la zona de peligro, pasándolas canutas. Ha cerrado hoy justo en la línea del soporte crítico y sobre la media de 200 sesiones y si no reacciona de inmediato las cosas se van a poner muy feas. Está realmente en el punto que separa el bien del mal.
Y por último tenemos al Nasdaq Composite violando el soporte con contundencia y poniendo las cosas realmente difíciles. Ha perdido igualmente la media de 200 sesiones a las primeras de cambio y sin mostrar resistencia, lo que da muestras de un mercado muy debilitado y con más que escasa fe en sus posibilidades.
Pero todos nos hacemos la gran pregunta: ¿por qué?
Nos empeñamos en hacer preguntas sin demasiado sentido, especialmente cuando se trata de esta. Todos recordamos algún episodio en el que nos hemos preguntado insistentemente por qué nos ha pasado algo en lugar de intentar poner remedio a sus consecuencias, pero haremos un esfuerzo y contaremos lo que se cuenta al otro lado del Atlántico: se tiene miedo al batacazo que se va a dar Europa.
Como lo oyen. Hay que aderezarlo con sus temores acerca de la subida de los tipos de interés antes de lo previsto, la presentación de unos resultados empresariales que no convencen a nadie o que no son suficientes para que se recupere el ánimo alcista y, por supuesto, unas acciones muy sobrevaluadas para lo que en realidad es la situación económica mundial.


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