Con independencia de que uno piense que la liquidez a ultranza es la solución a la crisis, lo cierto es que el BCE es el único Banco Central de una economía potente que se ha desmarcado de las soluciones de «adaptación cuantitativa» de la política monetaria a las circunstancias excepcionales de la economía.
Y no es menos cierto que no es por deseo del propio BCE, sino por imposición de Alemania, ese líder venido a menos al que todo el mundo venera y nadie se atreve a plantar cara.
Desde el instituto emisor (del euro) se esfuerzan en tomar medidas que se asemejan lejanamente a una QE en el fondo pero que son mucho menos claras en las formas al dejar demasiadas cosas en el aire y el mercado no se ha dejado engañar de momento.
Entre tanto los datos de las economías «centrales» de la UE van empeorando semana a semana ante la pasividad absoluta de una banda de mediocres que convocan reuniones y cumbres que nos cuestan un riñón para lanzar iniciativas que todo el mundo duda que sirvan para algo y que, cuando menos, llegan con varios años de retraso.
No es el BCE sea el tonto de la película. En realidad es el listo, porque los otros actores de la película son mucho más idiotas. Y encima, las sanciones a Rusia están suponiendo ese «tiro de gracia» para una industria exportadora alemana ya tocada del ala por el menor crecimiento de China y la absoluta incapacidad de sus vecinos comunitarios de comprar nada, acogotados como están bien por los recortes, bien por una situación económica que parece haber hecho entrar en pánico a más de un dirigente que se suponía curtido.
Pues bien, ahí seguimos viendo como nos adelantan por la derecha y sin intermitente. Lo que en el fondo se está jugando es a ver quien tiene la moneda más débil. Estados Unidos jugó a ese juego para mantener su potencia exportadora, dejando al dólar en niveles nunca vistos y ahora, cuando el cambio ya no es vital para su economía porque el consumo interno se ha recuperado, los japoneses van a aprovechar el hueco para tirar más aún el yen.
¿Y el euro? Ha soportado durante la crisis cambios de 1,5 por dólares, absolutamente insoportables, y ahora que podría aliviarse la presión son los japoneses los que nos la van a clavar doblada, dejando al yen por los suelos. El «dumping» cambiario es lo que ha sacado a EE.UU. de la crisis y lo que intenta emular Japón. ¿Cómo? Elevando el efectivo que «regalará» al mercado cada mes.
Esta decisión ha catapultado a los mercados en la jornada de hoy. Y digo catapultado porque eso es lo que ha hecho en la apertura y luego bastante han hecho los índices con mantenerse en esas alturas, que la tentación de deshacer posiciones y recoger beneficios era muy grande.
Como se puede apreciar en el gráfico del Dax, prácticamente todo el mérito de la sesión hay que atribuírselo a la apertura, que luego apenas si hubo fuerza. Como quien no se conforma es porque no quiere, recordemos que en ocasiones precedentes de este mismo mes las aperturas con hueco al alza han terminado casi siempre en pérdidas abultadas, así que celebraremos el cambio de actitud…
Al cierre, el Dax subió un 2,33%, el FTSE un 1,28%, el CAC un 2,22% y el Ibex un 2,09%.
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