La nueva suspensión cautelar de la consulta por parte del Tribunal Constitucional fue recibida en Catalunya con una cacerolada de protesta. La convocatoria, vía sms, funcionó al tiempo que el president de la Generalitat ratificaba su versión de que la justicia paralizaba una acción del Gobierno catalán que no se está produciendo y que es la sociedad civil la que propugna la consulta y moviliza a su gente. “Estamos totalmente decididos a hacer el 9-N” aseguró Artur Mas al tiempo que instaba a los catalanes a acudir a las urnas pidiéndoles que no tengan miedo.
Así están las cosas y prácticamente todos los partidos asumen que el domingo los catalanes que quieran podrán votar, por lo que empiezan a plantearse y a diseñar las estrategias del día después. Cabe esperar que Madrid no facilite la foto de la prensa internacional mandando a los cuerpos policiales retirar las urnas convirtiéndola en la imagen de la marca España.
Una cosa queda clara para muchos catalanes: la actual Constitución no sirve.
Lo que sorprende es el desinterés del Gobierno de Rajoy en afrontar el problema y tratar de buscar soluciones. Sus silencios han propiciado que los sentimientos independentistas fueran creciendo. En vez de aplicar la medicina preventiva se han dedicado a echar más leña al fuego propiciando medidas contra los catalanes en temas muy sensibles. En vez de diálogo se han proferido amenazas y descalificaciones. Han buscado personalizar el conflicto para evitar ver la realidad y han desprestigiado aún mas las máximas instancias judiciales traspasándoles un problema que no es judicial si no político.
Pese a lo que se diga en los círculos oficiales muchos creen que la independencia de Catalunya es irremediable a medio plazo y no está claro que la reacción internacional sea la que pronostican los gobernantes del PP y del PSOE. Cabe recordar la advertencia de Joaquín Almunia cuando se empezaba a hablar de una posible secesión que recordó que privar a un ciudadano de su condición de miembro de la UE y quitarle sus derechos no es tan sencillo.
No es extraño que el domingo casi un millar de periodistas sigan el desarrollo de las votaciones. Pero pase lo que pase este día seguirá habiendo un sector muy importante de la sociedad que reclama una nueva relación con España y lo hace de una manera pacífica. La consulta –evidentemente no vinculante- sí que tiene consecuencias políticas.
Todos los indicios apuntan que Artur Mas puede morir (políticamente) en esta batalla pero quienes se augura que lo sustituyan son mucho más radicales que los planteamientos moderados del actual president. Una vez más, Madrid se ha equivocado de contendiente en vez de darle cartas con las que pudiera moderar los ímpetus de ERC, la CUP o la Assemblea Nacional de Catalunya. Pero Rajoy ha optado por tensar la cuerda y, por principio de acción-reacción, ha propiciado que muchos que estaban lejos de las tesis independentistas se apuntaran a las propuestas secesionistas.
De momento cada día a las diez de la noche, las cacerolas suenan en Catalunya.
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