El dogma es la mortaja del Derecho. Y ayer, en Cataluña, con esa ficción de referéndum sin garantías electorales, sólo se ha impuesto el dogma del credo independentista. Más allá del asunto, es llamativo es que nadie, entre los convencidos, haya planteado ni la más mínima duda ante la manera en que se ha efectuado, que ya no ha dependido del Estado centralista opresor, sino de un Gobierno propio, el catalán, presidido por Artur Mas, que ha sido el único responsable del inexistente formato jurídico de la consulta. A nadie parece preocuparle que se haya ido a votar sin garantías, sin censo, controles o mesas imparciales, y sin mecanismos para certificar si el recuento tiene base cierta. Todo esto debiera preocupar a los votantes: que su voto se encuentre protegido por unas garantías mínimas. Porque el voto emitido en una sociedad sin Derecho es también el voto de una sociedad que se ha perdido el respeto a sí misma.
Diez millones de euros para la consulta. Me pregunto si solamente al Gobierno de Cataluña, aunque me temo que no. Pero incluso así, ¿es legítimo el gasto? ¿Lo es la instrumentalización de los órganos de comunicación oficiales, como Catalunya Radio y TV3, reconvertidos en órganos de propaganda? Ha votado el mismo tercio de la población que habitualmente engrosa el voto nacionalista: ¿es esto significativo? Sí, pero de un único discurso –también discurso único- de la totalidad. Porque siguen existiendo otros dos tercios, también de ciudadanos de derecho, que deben ser escuchados por su Gobierno autonómico, aunque Oriol Junqueras, cuando habla de “independencia o nada”, los esté condenando, automáticamente, a la marginalidad política y civil. Es interesante comprobar este doble rasero del independentismo catalán: por un lado, reprocha al Estado español no tener en cuenta una presunta voluntad catalana; y por otro, ellos mismos se niegan a reunir el coraje necesario para escuchar a esos otros dos tercios de su pueblo, que no han acudido a esta pantomima de consulta.
Pero ya están ganando: porque una parte creciente de la población catalana más joven mira al resto de España como se contempla a un enemigo, inventándose un artificio de confrontación histórica que no ha sido recíproco. ¿Son recuperables los lazos que se han roto? Esperemos que sí. Porque también a este lado del muro -que Maragall, Montilla, Artur Mas y Junqueras han ido levantando- comenzamos a estar más que cansados del tema.
Aviso Legal
Esta es la opinión de los internautas, no de diarioabierto.es
No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
Su direcciónn de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.