Les dije el viernes que una incógnita a despejar era saber cuánto tiempo iba a tardar el Bundesbank en tratar de dinamitar los propósitos expresados por Mario Draghi de «entrar a saco y cuanto antes» en donde haya que entrar para elevar la inflación.
Ya hemos resuelto la incógnita. Jens Weidmann, que se encontraba en la misma sala que Draghi el viernes y no alzó la voz, hoy ha salido por peteneras. Lo que se dice un valiente. A la cara, todo sonrisas. Por la espalda, hasta le trata de organizar motines al presidente del BCE que luego no llegan a ninguna parte porque todos sus compinches son tan cobardes como él mismo..
Pues bien, a lo que íbamos. Weidmann ha venido a decir que todo el mundo está centrado en si hay o no hay estímulos cuando debería estar centrado en el crecimiento de la economía. Y por si esto no se hubiera entendido bien, lazó una carga de profundidad que me temo que Draghi ya contaba con ella: «las medidas adicionales presentan problemas, incluso legales».
¿Recuerdan que llamó la atención que Draghi se refiriera en todo momento a la inflación y a la necesidad de elevarla? Lagarto, lagarto. El mandato del BCE es preservar la inflación en niveles adecuados para el crecimiento saneado de las economías de la Eurozona y no el crecimiento económico o el descenso del paro.
Draghi ha aprendido la lección y ha comenzado a hablar solo de aquello para lo que tiene mandato, que es la inflación. Y si el presidente del BCE considera que estos niveles de inflación no son adecuados para el crecimiento saneados de las economías de la Eurozona, mucho me temo que Weidmann no va a llegar demasiado lejos con sus zancadillas.
Señor jefe del Bundesbank, no hay ningún problema legal para que el BCE articule medidas excepcionales para evitar una deflación. Otra cosa será que usted quiera usar la vía legal para dificultar cualquier medida, pero tenga usted claro que la inflación sí es asunto de la competencia del BCE.
Más o menos esto es lo que han debido pensar en los mercados porque las palabras de Weidmann no han servido para frenar las alzas en un mercado que cuenta con la QE en Europa como un hecho más pronto que tarde. De hecho, los bajistas han desaparecido del escenario en un mutis tan rápido que ha sido visto y no visto. La prueba la tenemos en Abengoa, que hubiera caído hoy de nuevo a plomo si los bajistas se hubieran puesto manos a la obra, pero ha limitado las pérdidas a términos bastante más razonables precisamente porque no quedan bajistas.
No obstante, conviene no perder de vista que tanto el Dax como el Ibex han fracasado en la conquista de cotas psicológicas de relativa importancia. El Dax ha perdido al cierre los 9.800 puntos que parecía tener conseguidos a media sesión, en tanto que el Ibex ha sido tocar los 10.700 y retroceder de inmediato.
Júntese esto con el hecho de que el FTSE, el AEX holandés y el MIB italiano han cerrado en negativo y tendremos conformado un panorama que no es ni mucho menos el que traslada un Ibex eufórico que en realidad está menos eufórico de lo que parece, ya que la euforia (y solo relativa) se ha producido en los bancos al albur de noticias que hablan del levantamiento de las restricciones del Banco de España al dividendo.
Al cierre, el Dax avanzó un 0,54%, el FTSE perdió un 0,31%, el CAC subió un 0,49% y el Ibex un 1,16%.

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