Indra, una de las empresas tecnológicas más relevantes de España, no atraviesa su mejor etapa, al menos si la situación se mide por su comportamiento en Bolsa. Si bien los resultados tampoco son brillantes, quedan marcados en gran parte están por la debilidad del mercado español.
En este contexto, con una caída acumulada en Bolsa superior al 30% en lo que va de año hasta 8,2 euros por acción, se trata de la empresa que presenta peor comportamiento del Ibex en ese periodo, con una capitalización bursátil que ha bajado hasta 1.349 millones de euros. Aunque no corre el riesgo de ser objeto de una Oferta Pública de Adquisición (OPA) por la presencia del Estado, a través de la SEPI, y otras protecciones, sí lo es, por ejemplo, de tener que abandonar el índice selectivo en una próxima revisión y más si es necesario hacer un hueco a la nueva Endesa.
Un tema que provocaría caídas adicionales en la medida de que saldría de las carteras de los fondos que invierten en los valores del índice de referencia de España.
Medios bursátiles relacionan este comportamiento con varios factores, pero básicamente con tres: su dependencia del mercado español, más de un tercio de su facturación, y en parte supeditado a las inversiones de las Administraciones Públicas. Otro tercio de las ventas lo obtiene en América Latina, lo que le ha perjudicado en los últimos trimestres por el efecto de la cotización de la divisas. Una sexta parte proviene de Europa y el resto se reparte entre Asia y Oriente Medio.
Una estructura de facturación que no se desenvuelva en ámbitos muy diferentes a los de otras empresas españolas de su dimensión o de tamaño más elevado o más reducido, mientras que además prácticamente todas las semanas anuncia que se ha apuntado un contrato adicional en mercados exteriores. Las previsiones a la baja de compañías como IBM, Sharp o Accenture tampoco benefician a Indra.
No obstante, según los mismos medios, a los inversores institucionales extranjeros -que cuentan en conjunto con una participación más elevada de la empresa, -la SEPI (20%) y Corporación Financiera Alba (12%)- les preocupa un tercer aspecto: lo que consideran una estrategia errática del primer accionista.
Si bien, en realidad, las líneas maestras de la compañía, según medios consultados, no salen de la SEPI -que ahora está en minusvalías con su inversión en Indra- sino que parten del Ministerio de Defensa, del que saldrían objetivos como el de crear una empresa de defensa española, de la que Indra sería uno de los componentes básicos. ¿Cuáles serían los otros componentes de ese eventual grupo? Se habla básicamente de pequeñas empresas privadas de defensa, aunque también se menciona a Navantia, en la medida que la antigua Bazán forma parte de ellas.
En realidad el área de «defensa» no es la parte más relevante de Indra, aunque sí lo es «defensa y seguridad», más del 17%, y es en esa combinación, en la que la robótica -civil y militar- cuenta con un peso creciente, por donde se desarrolla la estrategia de los grandes grupos mundiales del sector. En estos medios se cita un caso que es paradigmático en relación a cómo perfilan su futuro. Y es el de Boston Dynamics, famoso por róbots como BigDog, y que fue hace un año adquirida por Google uq ela está enfocando a la robótica civil y de seguridad.
Los rumores sobre el futuro de la estrategia de la compañía se centran también, en más de una ocasión, con el de su presidente, Javier Monzón, citando a varios candidatos al puesto, desde Abril Martorell a personas relacionadas con entidades financieras.
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