Los mercados europeos se enfrentan a un cóctel de datos, sensaciones, sentimientos y análisis contradictorios que tendrán que digerir antes o después para definir qué camino van a tomar, aunque me temo que es el del Norte y luego les contaré por qué.
De un lado, tenemos al petróleo cayendo y cayendo y lo que podría ser una gran alegría para Europa en realidad es una tragedia porque no se puede contar con el petróleo para «alegrar» la inflación en un momento en el que el fantasma de la deflación campa por sus respetos.
El petróleo va a añadir más presión deflacionista a los precios y eso es muy temido por los analistas, que ven en Europa otro Japón si no cambian las cosas radicalmente. El problema es que incluso cuando Japón parecía sacar la cabeza del agujero ha vuelto a las andadas, con lo que las recetas «probadas» vuelven a estar en cuestión. Y, recordemos, que lo de Japón viene así desde finales de la década de los ochenta del pasado siglo, que se dice pronto.
Pero hay mucho más miedo añadido cuando se conocen datos como el del PMI alemán de hoy. Resulta que las cosas en Alemania están bastante peor de lo que sus políticos cacarean y de lo que sesudos estudios del Bundesbank indican. Una simple encuesta, bien hecha eso sí, pone patas arriba todas las previsiones del país.
Resulta que el PMI industrial que mensualmente elabora Markit dice que Alemania ya no está en fase expansiva sino que ha entrado en contracción al bajar de 50 este índice. Es el peor dato en 17 meses y deja bastante claro que las cosas no están tan bien como las quieren pintar.
Y, claro, el PMI de la Eurozona también baja hasta el punto de quedarse al borde del nivel de contracción. La única buena noticia fue que en España las cosas parecen ir a mejor y el índice vuelve a subir con fuerza, reflejando mayor confianza de las empresas en su futuro inmediato.
Y luego tenemos en el plano estrictamente técnico al Dax alemán topando con la barrera de los 10.000 puntos, que va a ser dura de roer por lo que parece.
Todos estos condicionantes nos deberían llevar a la conclusión de que el Dax ha debido ser un desastre hoy y que el único que habrá podido salvarse de la quema ha sido el Ibex español. Como en el anuncio: ¡¡error!!
El menos malo ha sido el Dax y el Ibex ha sido el peor entre los índices que seguimos habitualmente en la Eurozona. Para colmo de males, cuando todas las miradas están pendientes de Francia y Alemania, de la mala marcha de sus economías, sus Bolsas parecen decir lo contrario. Mundo de locos, o de cuerdos.
Resulta que ha vuelto a aparecer aquello del «cuanto peor, mejor» y cada vez parece más inevitable una QE en toda regla por parte del BCE para tratar de rescatar a la economía europea. Ahora tiene como excusa a la inflación y ahí Alemania se la va a tener que envainar y más cuando sus propias cifras son cada vez más preocupantes.
¿Qué hace el dinero en estas circunstancias? Huir de los países periféricos como si de la peste se tratara. Si llega la QE todos quieren estar pertrechados en Alemania ¡¡y en Francia!! dando a entender que serán los dos grandes beneficiados de las medidas de estímulo.
Poco importa que los España haya hecho los deberes y que la mayoría de los analistas subrayen el valor de oportunidad de nuestra Bolsa, porque cuando las cosas se ponen especialmente tensas, el dinero siempre va a Alemania. A lo mejor, los escándalos de corrupción constantes, las veleidades independentistas catalanas y el temor declarado a que Podemos consiga un buen resultado en las elecciones pueden tener algo que ver con este repentino desinterés del dinero por moverse en España.
Con estos ingredientes, tenemos gráficos como estos:
Arriba, el Dax da la sensación de ser un índice dispuesto a mantenerse cerca de sus máximos; abajo, el Ibex da exactamente la sensación contraria. Cosas de la Bolsa y del dinero. Si no fuera tan extraño todo no tendría este atractivo.
Al cierre, el Dax cedió un 0,17%, el FTSE un 0,99%, el CAC un 0,29% y el Ibex un 0,91%.
Y como prometí contarles por qué creo que tirarán hacia el Norte, se lo cuento. El jueves vuelve a actuar Mario Draghi y a nada que encienda de nuevo la mecha, el «fiestón de la QE» volverá a ponerse en marcha. Y últimamente está muy por la labor de encender la mecha en cuanto tiene ocasión.


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