Hay un día que la España oscura es la protagonista de la jornada, concretamente el día del sorteo de Navidad. Dejando al margen que las posibilidades de perder lo jugado se elevan al 85%, me gustaría centrarme en los pocos afortunados que celebran con cava, bailes y gritos su buena suerte.
Si dejamos al margen que “siempre toca a los otros”, profundicemos un poco en los agraciados que –en medio de su euforia- aceptan salir en los medios de comunicación. Muchos aseguran –cuando la diosa fortuna tiene un mínimo de sensibilidad social- que están en el paro (situación que no es nada difícil que suceda) y relatan su dramático esfuerzo para llevar el pan a su familia, otros celebran que con el dinero que les ha tocado podrán parar el desahucio del piso que un banco o caja estaba a punto de ejecutar. Terceros explicarán cómo gracias a la suerte podrán tapar unos agujeros que se les han hecho demasiado grandes o que merced al pellizco que les ha tocado podrán llevar mejor el despido por cierre del negocio que les acaban de comunicar en su empresa. Todo ello mientras los tiburones de los bancos tratan de captar clientes con dinero fresco, los mismos que no tienen la más mínima sensibilidad en actuar judicialmente ante deudas no saldadas
Algunos periodistas sagaces indagarán en cómo ha cambiado la vida los ganadores de sorteos anteriores y el retrato de la situación con frecuencia no es nada halagüeña, son muchos los que el dinero ganado se esfumó con la misma facilidad con la que entró y que su actual situación ha empeorado después de vivir unos efímeros sueños de grandeza.
No entro en aquellas personas que se aprovechan de la suerte ajena para blanquear dinero, sólo pretendo que se reflexione con la imagen de la “marca España” que ese día ofrecen los ganadores de la lotería, la España de la miseria, de las necesidades acuciantes que si no es por un golpe de fortuna no las podrían superar, de la España real que normalmente no es protagonista de la actualidad, como tampoco los son los millones de personas que depositaron sus esperanzas en un décimo que, un año mas, sólo es papel mojado y ven como su inversión de veinte euros les hubiera sido mucho más provechosa destinarla a otros menesteres mucho más tangibles.
Para mí, el día de la lotería es un día triste. Por la situación de los que han ganado y por el silencio de los muchos que soñaron con la posibilidad de obtener un buen pellizco.
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