Supongo que los populares están más que preocupados por cómo les van las cosas. Ahora ya apelan a lo indemostrable, si en Catalunya se inventaron que una mayoría silenciosa estaba en contra del derecho a decidir para despreciar que dos millones y medio de personas se rebelaran contra un Gobierno que les impedía votar, ahora Mariano Rajoy, después de celebrar el fin de la crisis, augura que contra todo pronóstico el PP volverá a ganar gracias a la “mayoría moderada”.
Esta mayoría moderada que apela el presidente deben ser los varios millones de personas que disfrutan del paro, o los miles que gracias a su política podrán celebrar la navidad en comedores sociales, o los centenares que podrán dormir a cubierto la noche del fin de año merced a los vestíbulos de las entidades bancarias (debe ser lo que llaman la obra social).
Aunque la credibilidad del presidente está bajo mínimos no deja de ser positivo que alguien en este país tenga motivos para ser optimista. Al fin y al cabo los estados de ánimo son libres. Claro que recluido en La Moncloa el retrato que tiene de la sociedad puede estar un tanto distorsionado por los cantos elogiosos a su labor de la gente que le rodea (ya se sabe, en el PP quien manda, manda, y si quieres que te pongan en las listas has de regalar parabienes al jefe).
Como el presidente no sale a la calle debe ignorar que aunque las estadísticas que maneja detecten una cierta recuperación (para muchos más que virtual) después de haber caído bajo mínimos, la mayoría de la sociedad que tiene la fortuna de trabajar ha visto como le recortaban el sueldo durante su gestión, cómo la sanidad se deterioraba a niveles indignantes, cómo las estrecheces que sufrían muchas familias contrastaban con los numerosos casos de corrupción y de financiación irregular de muchos partidos, principalmente el PP. Supongo que el presidente debe tener datos para apelar a esta mayoría moderada que, en su opinión, le ha de mantener en La Moncloa, aunque el sentido común es que lo que realmente existe en España es “una inmensa mayoría cabreada”.
Esta filosofía me recuerda el pensamiento del que fue presidente de la Xunta cuando aseguraba que “en Galicia no existe el paro, los gallegos lo solucionábamos emigrando”. Es evidente que si nos vamos todos, se acabó la crisis.
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