Les muestro un gráfico del S&P 500 en velas de cinco munutos para centrarnos bien en lo que los cuento:
De máximo a mínimo, curiosamente marcado al cierre se produjo una caída del 2,18% cuando todo el mundo andaba confiado con eso de «por fin reacciona«. Pues no. reaccionó para levantar el dinero primero a los cortos y después a los largos, que hicieron saltar stops a todo el mundo.
Muchas veces sesiones así denotan que quieren estar solos los que organizan el cotarro para organizar bien la traca final o el despegue, que nunca se sabe. Pero que quieren tener cuantos menos moscones alrededor, quedo bastante claro. ¡Vaya manera de echar a la gente a gorrazos del mercado!
Y luego contarán que todo se debió al petróleo (que también mueven ellos):
Puede que la fase alcista sí que viniera propiciada por el espectacular rebote del precio del petróleo, pero la no menos espectacular caída del S&P 500 no vino de la mano del petróleo como puede verse en este gráfico de las horas en las que el mercado de Nueva York estuvo abierto para los índices.
Podríamos aceptar que igual que la subida se potenció porque saltaron los stops de las posiciones cortas, en la caída hubo un efecto muy semejante con las posiciones largas, pero mucho me temo que hubo algo más que ellos saben y el resto no. Que si las tecnológicas, que si las biotech, que si los pequeños valores… ¿Y durante la fase alcista, qué pasaba?
Al cierre, el Dow Jones perdió un 0,65%, el S&P 500 un 0,85% y el Nasdaq Composite un 1,24%. Demasiada tela para un traje tan feo.


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