En realidad, todos los problemas que arrastra la vieja Europa no son nuevos ni han aparecido ayer mismo y, en cierta medida, han sido acusados por los mercados bursátiles de este lado del Atlántico, que siguen en un lateral eterno mientras en Wall Street la trayectoria ha sido descaradamente alcista.
Pero incluso ese movimiento lateral parece excesivo si se analiza con algo de rigor la situación de la economía europea. Alemania avanzando con paso firme hacia la deflación, Francia hacia la depresión e Italia hacia ninguna parte. La UE mostrándose incapaz de avanzar seriamente en lo que debería ser una mayor integración económica, presupuestaria y fiscal para defender la moneda única.
A veces da la sensación de que lo único que tienen en común los países del euro es la moneda, pero enseguida se da cuenta uno de que hay otra cosa que comparten todos y cada uno de los países del selecto club: la incapacidad manifiesta de sus dirigentes para la tarea que desempeñan, lo que no deja de ser un gran problema.
Y luego está lo del BCE, que debería ser la gran institución que diera cobertura a la idea de unidad que se desprende de compartir moneda y que en realidad se ha convertido en un rehén de la forma de hacer las cosas en toda la UE.
Sin poder, sin atribuciones y dependiente de un consenso imposible ante la rigidez alemana, la institución que dirige (de momento) Mario Draghi se ha convertido en una máquina de hacer chapuzas con las que tratar de disimular su reducido margen de maniobra.
Hoy, sin ir más lejos, lo que más se comentaba por los mentideros bursátiles es que Alemania podría estar ganando la batalla y que la prevista QE puede quedar en nada, absolutamente en nada.
Lo que se cuenta es que la idea alemana de que sea cada banco central nacional el que compre deuda de su propio país y asuma sus riesgos en lugar de que sea el BCE el que «mutualice» los riesgos podría ser la que finalmente se adopte.
El mercado, claramente, quiere que sea el BCE el que actúe y sabe que si son los bancos centrales nacionales, lo que parecía que iba a ser una QE puede quedar convertido en una nueva chapuza. Y el mercado lo acusa, Vaya si lo acusa. La esperanza de una QE más pronto que tarde es lo único que está sosteniendo los índices, así que si la esperanza se esfuma…
Pues en esas estamos y encima el petróleo hecha más leña al fuego con nuevas caídas en una suerte de cuesta abajo que parece no tener fin y, lo que es peor, nadie parece haber medido bien sus consecuencias entre los países productores. Vamos, que a más de uno los dedos se le hacen huéspedes cuando ve a Rusia entrar al trapo bajista con todo con la situación que atraviesa su economía.
Y dado que en Grecia hoy permaneció cerrado el mercado, entre los rumores y el precio del petróleo se encargaron de llevar a los índices a donde tocaba:
Aquí podemos apreciar el movimiento del precio del petróleo, arriba, y lo que influyó en la cotización del Dax, especialmente cuando rompió el soporte que había respetado durante la mañana y comenzó a perder más terreno de forma acusada.
Pero como en todo hay categorías, al Ibex le resultó aún más dramático el último tramo:
Cerró en mínimos del día y dando gracias de que las cosas terminaran ahí. Está visto que no es la mejor de las temporadas para el selectivo español.
Al cierre, el Dax perdió un 0,04%, el FTSE un 0,79%, el CAC un 0,68% y el Ibex un 1,22%.



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