‘¿Hasta cuándo así?’

06/01/2015

Luis Sánchez-Merlo.

Cuando se va de El Escorial a Madrid por el antiguo Camino Real –trazado para comunicar la corte de la capital con el Monasterio– se ve un pequeño letrero, a la derecha, con letras azules, en el cual un psicoanalista pregona sus servicios, con este sugestivo anuncio: “¿Hasta cuándo así?” 

Es una invitación -sin disimulo- a acudir a su consulta, en la Sierra de Madrid, para tratar de poner fin a la desazón, a terminar con las dudas, a finiquitar la resignación, a exterminar la angustia, a dar carpetazo al estoicismo y la hipocresía, a aplaudir a Baudelaire cuando -bien es cierto obseso y deprimido- afirma sin pestañear: ‘La vida es un hospital donde cada enfermo está obsesionado por el deseo de cambiar de cama’

El poeta maldito francés -que no habló casi nunca bien de nadie- expresa así el sentimiento insoportable de querer estar siempre en otro sitio. Y su obra gira en torno al tedio corrosivo, al aburrimiento angustioso. El spleen.

Y muy probablemente, el audaz psicoanalista esté invitando a combatir este hastío afligido, cambiando de cama. Esta puede ser una solución imaginativa, audaz y -en ocasiones- efectiva porque es bien sabido que no hay nada más aburrido que insistir siempre en los mismos sabores.

El cambio, siempre el cambio, como bálsamo de fierabrás, capaz de curar todas las rutinas: las amatorias, las políticas y las otras… porque el signo de nuestro tiempo es el cansancio que se apropia de todo lo que toca y ahí es donde radica la clarividencia de Baudelaire. Pero aunque desear lo que no se tiene parezca ser una constante irremediable para el hombre, cada una de las derrotas de la vida son el camino -a menudo- para las grandes victorias.

Y B tiene razón cuando se ríe de los albatros en tierra, con su andar tambaleante, arrastrando las alas, tan diferente de la majestuosa elegancia que despliegan en el aire.

¿Hasta cuándo así? El psicoanalista del Camino Real, especialista en ayudar a caminar a tanto albatros -como hay suelto en tierra- viene a decir: ‘oiga se le ha acabado el tiempo, así que deje de esperar y confíe en que le ayude a salir de ese aturdimiento crónico que se ha acurrucado en sus alas’.

Mas o menos esto es lo que reza el señuelo que nos ha endiñado al borde de la carretera como reclamo. Qué tío más listo.

 

 

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