Largo me lo fiais

16/01/2015

Josep M. Orta.

Artur Mas anuncia elecciones plebiscitarias para el 27 de septiembre tras una tensa reunión con ERC y las plataformas ciudadanas que promocionan la independencia de Catalunya. El que los reunidos llegaran a un acuerdo parecía inevitable dada la presión ciudadana para que lo hicieran y el rechazo que sufrían ambas formaciones por poner palos a las ruedas que entorpecían el deseo de una parte significativa de la población de decidir su futuro.

Pese al malestar que ha provocado en los grandes partidos el anuncio del adelanto electoral y las descalificaciones de rigor, lo que no han entendido es que tal como están las cosas en Catalunya lo que se trataba era de ganar tiempo. Por un lado de la reunión –aparte de la convocatoria electoral a ocho meses vista- sólo acordaron ponerse de acuerdo y fijar una hoja de ruta. Durante todo este periodo, con unas municipales por en medio y el aterrizaje de Podemos, pueden pasar muchas cosas.

Hay que tener en cuenta que las fuerzas independentistas  sólo tienen en común la voluntad de romper con España tienen mucho tiempo para pelearse entre ellos, desmarcarse e incluso romper acuerdos. Una prueba de que esto puede pasar es la poca ilusión con que unos y otros han celebrado la recomposición de la unidad. Ello propicia que muchos de las personas que en los últimos años se sintieron agraviados por el trato que Catalunya recibía de Madrid o por la desafección que provocaba la actual clase política y se sumaron a la causa secesionista, ahora puedan reformular sus sentimientos y apostar por el cambio que representa Podemos con lo que la causa secesionista puede quedar sensiblemente debilitada.

Por otra parte el tacticismo de los partidos puede propiciar la desilusión de muchos ciudadanos que abrazaban con fe un hipotético futuro independiente ante la incapacidad de sus promotores de llegar a acuerdos de mínimos. El fervor con el que participaron en las últimas manifestaciones o la rebelión que representó participar en el referéndum del 9-N se enfría considerablemente.

Si los partidos hubieran querido jugar fuerte la carta independentista habrían convocado las elecciones para el próximo mes de marzo. No lo han hecho y de aquí a septiembre pueden pasar muchas cosas, incluso que al final Artur Mas decida no adelantar los comicios o que Rajoy lo impida convocando las generales.

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