Está claro que la deriva de Tsipras es hacia una postura radical respecto a la deuda, al rescate y hacia todo lo pactado con la Troika. De hecho, no reconoce a la troika como interlocutor de nada y niega la posibilidad de que nadie de su gobierno se reúna con sus representantes.
Y se lo ha plantado a la cara al jefe del Eurogrupo, ese holandés de apellido impronunciable que ha aprendido en los últimos tiempos a estar más calladito que cuando bramaba contra España. Bien por Tsipras.
No es que tome parte en este asunto o que me parezca lo mejor que Grecia salga del euro o deje de pagar su deuda. Todo lo contrario. Es que si lo que se pretende es que Grecia siga en el euro, atienda sus compromisos, los actuales o los que se negocien, y salga adelante, no hay más remedio que hacer lo que está haciendo Tsipras.
Tsipras y Syriza saben el escaso margen de maniobra con el que juegan, pero también saben que si acceden a negociar con las orejas gachas y sin que tenga toda la pinta de que van a plantarse en cualquier momento, les meterán dobladas las mismas que le metieron a Samaras o aún peores, porque ellos no tienen experiencia negociando.
Si quieren negociar algo, tienen que hacerlo planteando un órdago y que parezca que pueden romper la baraja en cualquier momento y a los de este lado más les valdría empezar a pensar en todo lo que se ha hecho mal con Grecia hasta ahora y empezar a ponerle remedio sin querer pasar de nuevo factura por todo.
Ese es el escenario en el que nos encontramos y en el mercado se han vuelto muy sensibles al asunto griego. «A ver si se van a echar al monte…» Esto me recuerda a un ex jefe mío al que colocaron a otro jefe por encima y me dijo «ahora empieza la guerra». Se quedó muy sorprendido cuando le recomendé que no fuera a esa guerra porque ya estaba perdida. Pues eso. No se van a echar al monte, se han echado ya y con algo de razón.
Todo esto andaba barruntando un mercado al que de repente le vuelve a preocupar que el euro sufra un abandono. Tiene narices que se preocupen por el 2,5% del PIB de la Eurozona y no por el 97,5% restante. Al euro le da exactamente igual que esté Grecia o no, el problema viene de otra parte y no es otra que marcar el camino de salida por si otros quieren utilizarlo en el futuro.
Me temo que vamos a tener tragedia griega para rato porque es más que evidente que Tsipras tiene que hacerse valer antes de sentarse a negociar. Y en lo que sí le doy la razón claramente es en no querer reunirse con la troika, Mucho mejor hablar con los acreedores directamente que con los representantes de tres instituciones que han demostrado ampliamente su incompetencia.
Pero si al asunto griego le sumamos que los futuros americanos no reaccionaron excesivamente bien a la publicación del PIB estadounidense, tenemos configurado un cóctel de la variante ‘Molotov’ y de sesgo claramente bajista.
Con todos estos ingredientes nos hemos encontrado con una sesión que abrió claramente al alza y se desinfló desde el minuto uno:
El gap alcista era consecuencia de la fiesta que se montaron en la víspera los índices americanos y la pendiente bajista, la expresión de la preocupación por la deriva que va tomando el asunto griego. En la última parte de la sesión, la indecisión con leve signo bajista se debe a la apertura negativa en Wall Street, que Europa siguió con algo menos de contundencia.
Pero además, esta sesión nos deja una línea que va a ser la siguiente referencia:
Son los 10.800 puntos del Dax alemán. Se ha tocado ya tres veces y no se han superado, por lo que se convierten de inmediato en resistencia, techo y objetivo a batir. No se me antojan las mejores circunstancias para ello, pero la QE puede con casi todo…
Al cierre, el Dax se dejó un 0,41%, el FTSE un 0,90%, el CAC un 0,59 % y el Ibex un 0,99%. Ya se ve que al bancarizado índice español no le gusta mucho que el asunto financiero griego esté en entredicho.


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