Les muestro un gráfico un poco ‘de aquella manera’ para intentar ilustrar lo que les cuento en el título:
En la parte superior tenemos el petróleo West Texas Intermediate y en la de abajo el S&P 500. En el gráfico del índice me he permitido la licencia de poner unas leyendas con las que intento reflejar el sentimiento del mercado durante esa fase.
La jornada comenzó con un dato de PIB realmente por debajo de las expectativas y con dos datos contrapuestos. De una parte, el consumo privado parece despegar, lo que es muy bueno para la economía estadounidense, pero de otro lado los gastos por parte de las empresas experimentan un frenazo notable.
Los analistas se lo tomaron por el lado negativo y no hubo más que hacer. Ya los futuros venían avisando de que iríamos abajo y abajo fuimos hasta que comenzó a entrar dinero. Ocurrió en los alrededores de los 2000 puntos y pareció que por una vez las barreras psicológicas iban a servir para algo.
Fue entonces cuando se necesitó una excusa para subir y la que tuvieron más a mano fue el petróleo. Ayer bajó de los 44 dólares durante unas horas y hoy ha decidido pegar un estirón a costa de la noticia de que se han cerrado 94 pozos de extracción esta semana en Estados Unidos, la mayor cifra desde 1987.
O Arabia Saudí está consiguiendo su propósito y las pequeñas explotaciones del ‘fracking’ comienzan a arruinarse o estamos ante una retirada estratégica. A mí me mosquea siempre que de golpe y porrazo pasen determinadas cosas que, además, favorecen determinados intereses. Debo estar muy ‘resabiao’, pero esa burra no la compro yo, que tiene pinta de coja.
Pero Wall Street la compró y se subió a sus lomos para volver a los máximos del día. Llego más alto incluso que el nivel de apertura y el Nasdaq Composite incluso se encontraba en verde empujado por el poderío de Google y Twitter (éste al final quedó en nada).
Y entró en bucle. Después de que el petróleo hubiera subido tres dólares por barril, la primera vela negra, pequeña oigan, sirvió para que los índices americanos se despeñaran y volvieran a acordarse del mal dato del PIB. Miren que desconfío de la estadística americana (en realidad de cualquier estadística pero de la americana más) y que no sería de extrañar que la revisión nos diera alguna sorpresa. De hecho es casi lo habitual. Pero en el mercado se siguen tomando en serio cada dato. Son así y la mayoría de las veces les viene bien.
Eso sí, ya les voy anticipando que no le queda demasiado espacio para alegrías a los índices americanos. El cierre mensual del futuro Mini del S&P 500 se ha quedado tan cerca de su media de 10 meses que ha estado a punto de provocar una oleada de cortos en el mercado. Hay sistemas que operan con esta señal, muy efectiva por cierto.
En un ejercicio claro de ‘mundo al revés’, el S&P 500 ha caído este mes un 3,1% en tanto que el Dax alemán ha avanzado un 9,05%. Está visto que no hay nada como una buena (o mala) QE para que pasen cosas imposibles, porque ver a Europa subir y a Wall Street bajar se ve pocas veces.
Al cierre, el Dow Jones perdió un 1,45%, el S&P 500 un 1,30%, el Nasdaq Composite un 1,03%, el Nasdaq 100 un 0,79% y el Russell 2000 un 2,08%.

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