La Kasta era Podemos

02/02/2015

Carmela Díaz.

“El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

Jesús de Nazaret

 

podemosEl poder corrompe y caerás en todo aquello que juraste no hacer nunca, sobre todo cuando intentas aferrarte a él. ¿Pero tropezar antes de alcanzar el dichoso poder?   Practicar lo contrario de lo que se predica en el púlpito podemista resta credibilidad al tinglado. Sobre todo si se está en pañales, en fase de construcción. Más aún si los pilares en los que sustentas tu doctrina se basan en una ruptura radical con los flagrantes errores cometidos en el pasado.

Los desencantados añoran su tierra prometida. Con todo el derecho y con unas motivaciones que comparto. Pero la política no es un acto de fe: los mesías institucionales no existen. Nadie -repito, nadie- puede salir a la palestra pública a pecho descubierto como adalid de la virtud mostrando el hipotético camino a esa quimera de un nuevo país incólume, incorrupto, honorable y renacido. No hay humano que resista el juicio mediático de un inmaculado pasado. Porque a todos, de uno u otro modo, nos sacarán los colores. Resulta contraproducente presumir de integridad y rectitud si se guardan esqueletos en el armario.

Carmela Díaz

Carmela Díaz

Tras las turbias informaciones que van saliendo a la palestra acerca de sus líderes  y la exitosa marcha del fin de semana, ahora sí es posible afirmar que Podemos es un partido político en toda regla: una formación establecida. Cuenta con una legión de devotos seguidores que no atienden a más razones que las de un color y unas siglas; atrae a los hastiados mediante promesas etéreas pero sin un programa claro; con júbilo cacarean atractivos compromisos con el pleno conocimiento de que son imposibles de cumplir; sus aclamados cabecillas despotrican contra los medios de comunicación (¿no es una contradicción maldecir a la mano que alimenta tu creciente popularidad?) cuando publican noticias comprometidas para sus intereses; e incluso, vetan a periodistas gráficos en los mítines. Actúan en privado de forma diferente a sus dictados populares: anticapitalistas confesos que se hacen ricos, defensores a ultranza de la ética que se benefician de jugosas becas sin dar palo al agua… Sin olvidar a los integrantes del círculo más cercano: aquellos fustigadores de la corrupción galopante que adjudican contratos públicos a la familia.  Y a partir de ahora vivirán de nuestros impuestos. Lo que viene siendo el proceder habitual de la casta, casta.

Podemos, o cualquier otra formación que surja contra el abuso de poder imperante, que ponga en entredicho los tejes y manejes de las cúpulas endogámicas, que cuestione el sistema podrido que nos asfixia y asquea, que excluya a las élites pleistocénicas adictas a las puertas giratorias -y que aniquile su autocomplacencia-, que despierte a la gran masa aletargada, que agite la conciencia dormida de la sociedad civil, que presente como candidatos a caras nuevas, frescas, no maleadas por el ejercicio de lo público, que acojone al establishment, es bienvenido. Digo más: es necesario. Pero caer en los mismos desatinos de lo que se critica -y además desde la cuna- es puro cinismo. Tras los fuegos artificiales de un apoteósico estreno la anticasta no ha aterrizado con buen pie. Podemos, así no.

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