El gran factor que hace que en estos momentos los mercados europeos se orienten hacia el Norte o hacia el Sur se llama Grecia. Coyunturalmente y en segundo plano se pueden mirar los resultados de tal o cual valor, especialmente cuando hay acumulación de datos negativos, o hacia el petróleo, pero Grecia es lo que manda.
Y en las últimas jornadas ha gustado el giro que han tomado las declaraciones de los responsables del Gobierno de este país, que han pasado del radicalismo a tener una cierta de realismo. Pero siguen sin cuadrar todos los extremos de esta madeja.
Por parte griega, se ha hablado mucho de cómo pagar, en qué convertir los bonos y cómo ampliar los plazos, pero no se ha dicho una sola palabra concreta acerca de cómo piensan conseguir una economía competitiva. Ni una palabra de cómo reducir el déficit o de cómo conseguir un sector industrial que no sea testimonial. Hablan de una reforma fiscal, pero ni siquiera concretan en qué términos. Pero nada más.
Y al mercado le preocupa que se liguen bonos a crecimiento sin un plan concreto para conseguir crecimiento. Lo ven claramente como una trampa. Es mejor que los escenarios anteriores, pero no es la solución mientras no se sepa cómo se piensa conseguir el crecimiento.
Pero este asunto tiene una segunda ‘parte contratante’ y ésa es la UE. Hemos puesto sobre la mesa un dineral para apoyar que Grecia supere una crisis que se originó en el falseamiento de las cuentas públicas. En lugar de echarles del club se les ha intentado reconducir. De mala manera, cierto, pero se ha tratado de ayudar y se sigue queriendo ayudar.
Y si ahora los responsables del gobierno griego rompen la madeja, es posible que la UE pueda romperla también. La lucha, de momento, se ha convertido en una pelea de gallitos en la que cada contendiente trata de atemorizar a su rival de la mejor manera que puede y de seducir a la concurrencia para obtener su favor y su ánimo. En esto último Grecia lleva ventaja con estos gestos de los dos últimos días, pero nada más que en eso.
Por eso hoy se han parado todos a pensar y se han dado cuenta de que la situación no difiere tanto de la de hace una semana. Se han rebajado las palabras gruesas por una parte pero han comenzado por la otra. Quienes hacen ahora muestras de intransigencia son los socios europeos, incluso un Gobierno español que no recuerda cómo pedía árnica cuando le apretaban el cuello hasta decir basta.
Merkel no está dispuesta a rebajar sus exigencias de control del descontrol y hace bien, porque Grecia es un descontrol. Y Tsipras no está dispuesto a rebajar sus aspiraciones de un poco de aire para los griegos y hace bien, porque les han llevado a una situación límite.
El mercado sabe que antes o después habrá acuerdo y que los días corren en contra de Grecia que tiene un calendario de vencimientos de deuda a los que hacer frente. Valora que Tsipras diga hoy que le parece que «se está en el camino» de conseguir un acuerdo y valora también que Alemania se mantenga intransigente. Lo valora todo y como no ve que hoy se hayan dado pasos en ninguna dirección, se para. Así de simple.
Y si le unimos a esto que la situación en Ucrania va a peor cada día (el mercado lo sigue observando con el rabillo del ojo y cualquier día lo valorará adecuadamente) y que el petróleo ha tenido hoy una jornada de ligera caída de los precios tras la recuperación de las dos últimas sesiones, pues nos quedamos sin factores positivos en los que apoyar una subida.
Sólo al final el Dax logró recuperar el terreno positivo, aunque tampoco las pédidas llegaron a ser preocupantes en ningún momento. Poco rango, pocas ganas y mucha atención. Poco más ha sucedido hoy.
Al cierre, el Dax avanzó un 0,19%, el FTSE perdió un 0,17%, el CAC subió un 0,39% y el Ibex se dejó un 0,19%. Para todos los gustos.

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