La lógica que se oculta en el caos de los mercados

10/02/2015

Miguel Ángel Valero.

Los informes de estrategia de mercados de Banca March tienen un aliciente adicional, ya que siempre introducen un análisis científico o histórico. El último, realizado por Alejandro Vidal, director de Servicio, Estrategia de Inversión, apela al botánico escocés Robert Brown para destacar que “en nuestra selección de activos solemos argumentar que lo que nos preocupa es el valor de lo que estamos comprando y que tarde o temprano éste aflorará”. “Por eso muchas veces no nos ponemos nerviosos ante movimientos inexplicables de los mercados o los aprovechamos para comprar o vender en función de nuestras valoraciones”, añade.

Y es que “las matemáticas aplicadas dan la razón a nuestra forma de pensar”. En 1827, Robert Brown, al observar un tarro cerrado de agua con partículas de polen en suspensión, notó que éstas se movían sin motivo aparente en un baile que parecía ser continuo y aleatorio. Aunque ese movimiento ya fue detectado por Lucrecio en el año 60 antes de Cristo, se le conoce como browniano.

En 1880 el científico Thorvald Thiele se aproximó matemáticamente a una descripción del movimiento aleatorio, pero no fue hasta 1905 cuando Albert Einstein lo definió plenamente, como un modo para demostrar que la materia está formada por átomos y moléculas que se mueven de forma caótica.

Lo importante es que debajo de ese caos, de esos inexplicables movimientos en todas direcciones y en ninguna al mismo tiempo, existe un patrón matemático. El Movimiento Browniano permite predecir el comportamiento a largo plazo de algo que en la inmediatez lo hace de forma totalmente aleatoria, y lo puede hacer porque la suma de esos pequeños caos siempre tiende a cero.

En los años 60 del siglo XX, dos economistas y matemáticos, Fisher Black y Myrton Scholes, se basaron en el Movimiento Browniano para diseñar un modelo de cálculo del precio de las opciones financieras. Hasta entonces se aplicaba Ley de los Grandes Números para tratar de simular todos los escenarios posibles un número muy alto de veces, y promediando los resultados, hallar un valor razonable.

El Modelo Black y Scholes simplificaba enormemente el trabajo de cálculo de valoración de las opciones, permitían ésta en tiempo continuo, y reducían enormemente las posibilidades de arbitraje en el mercado usando una probabilidad de riesgo neutro.

En 1977 Scholes recibió, junto a Robert Merton (que fue quien lo aplicó a la realidad de los mercados) el Premio Nobel (Black ya había fallecido) por este modelo, considerado uno de los mayores avances en la historia de las finanzas.

El Modelo Black-Scholes define una tendencia a largo plazo que será alterada en el corto plazo por un proceso browniano, impredecible en tiempos cortos, pero que tiende a cero en el largo plazo.

Juego de suma cero

De todo esto se extraen varias lecciones para un inversor. Una, que lo que vaya a hacer un activo financiero en un corto periodo de tiempo es aleatorio, tanto más impredecible cuanto más volátil (o de mayor riesgo) sea, pero con el paso del tiempo esos movimientos tienden a sumar cero, no alterando la tendencia a largo plazo, que se mueve por fundamentales.

“El sentimiento de mercado, los escenarios de volatilidad, tenderán a diluirse en el tiempo y su efecto será neutro mientras no hayan cambiado los fundamentales de la inversión”, señala el experto de Banca March, por lo que “nos resultará muy complicado extraer valor de entradas y salidas continuas de los mercados”.

Otra lección es la Ley de Markov: cuando algo se mueve de forma browniana, el camino que haya seguido para llegar a un punto es intrascendente a la hora de predecir su próximo movimiento, ya que éste volverá a ser aleatorio e independiente del anterior. Conclusión: “Suponer que algo va a subir o a bajar porque ayer hizo lo contrario, por lo general, tampoco suele dar muy buenos resultados en el tiempo”.

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