Del rey abajo, ninguno

10/02/2015

Josep M. Orta.

Puede que un día Luis Bárcenas me desmienta, pero hasta entonces las comisiones de investigación parlamentaria que en este país se han celebrado han sido estériles a la hora de conseguir su objetivo y en cambio han sido pródigas en dar titulares y demostrar que los interpelantes –con frecuencia- hacen unas intervenciones violando las normas más elementales de la educación

El pasado martes compareció en el Parlament el president de la Generalitat Artur Mas en la comisión que investiga el caso Pujol. Todos los grupos la oposición coincidieron en mostrarse sumamente agresivos en sus preguntas e insinuaciones pero llegaron a la Cámara sin haber hecho los deberes. No se puede formular preguntas basándose en informaciones periodísticas, sin aportar ningún dato, sin haberse molestado en buscar indicios contratables de supuestas irregularidades o de que el compareciente conociera hechos supuestamente delictivos

La sesión –como otras comisiones de investigación- se convirtió en un circo en la que algunos parecían hacer carreras a ver quien la decía más gorda intentando con sus preguntas condenar al compareciente y no prestando atención a sus respuestas. En ello la portavoz popular, Alícia Sánchez Camacho, se llevo el trofeo a la intervención más agresiva y descalificante, precisamente ella que pertenece a un partido bajo sospecha y que además, cuando se le requirió, se negó a comparecer en una de las comisiones de investigación del Parlament por las grabaciones en el restaurante La Camarga con la ex pareja de uno de los hijos de Pujol.

Pensar que el interviniente dijera algo que se saliera de su guion es ilusorio. Repitió lo que ha dicho una y otra vez, pero la oposición logró –esto es relativamente fácil- humillarle y sin demostrar nada convertirlo en “presunto”. Además consiguió la victoria de acaparar buena parte de la prensa en sus diferentes medio.

De todas formas, que el president de la Generalitat se sometiera a esta sesión puede servir para recordar aquella obra de Francisco de Rojas Zorrilla que titulaba “Del rey abajo, ninguno”. Quizás sería bueno para el país que este acertado título –aunque sea con esta lilmitación impropia del S. XXI- empezara a practicarse.

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