La irrupción de Podemos ha revolucionado la vida política y ha puesto nerviosos a muchos. El hecho que las encuestas coincidan en afirmar que el partido de Pablo Iglesias puede ser el más votado en las próximas generales hace que muchos pierdan de vista que el número de votos no implica necesariamente su traducción en escaños. Sus rivales de IU lo conocen muy bien, en las sucesivas elecciones se han configurado como la tercera fuerza política en número de votos, pero las más del millón y medio de papeletas que recoge esta coalición sólo se traduce en una decena de escaños. La mayoría de los sufragios obtenidos en muchas provincias no les sirven para nada, mientras que fuerzas como CiU, PNV o Amaiur rentabilizan mucho mejor un menor número de votos al concentrarlos en circunscripciones concretas.
En España hay dos ciudades que se disputan 1 diputado (Ceuta y Melilla), el censo de Soria le da dos, mientras que ocho circunscripciones se reparten tres, nueve provincias pugnas por el reparto de cuatro escaños y siete tienen asignados cinco puestos en el Congreso.
La ley de D’Hondt para los minorías y siguiendo el ejemplo de IU sólo logra representación parlamentaria en las grandes provincias donde se reparten muchos escaños y las terceras e incluso cuartas fuerzas tienen opciones para hacerse con algún representante (Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante Málaga o Sevilla. En el resto de circunscripciones se reparten el pastel entre las dos primeras fuerzas (es muy raro que las circunscripciones en las que se disputan cinco diputados entre una tercera fuerza).
Teniendo en cuenta que la irrupción de Podemos es mayoritariamente urbana, en las grandes ciudades donde se disputan muchos diputados pueden obtener importantes resultados, pero difícilmente pueden entrar en las zonas rurales donde tienen menos implantación o en la mayoría de provincias que tienen cinco a menos diputados (donde el reparto acostumbra a ser de tres el principal partido y dos la segunda fuerza).
Ello hace posible que incluso si la fuerza que lidera Pablo Iglesias fuera la formación que en las próximas generales recaude el mayor número de votos, una parte significativa de los mismos no puntuará y la distribución de escaños posiblemente le relegue a una posición muy secundaria en el futuro Congreso, aunque sí que tiene la posibilidad de ser el partido bisagra. Son las reglas del juego.
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